HUECOS (IV)

Discoteca Noa. Hay que aceptar que “Noa”, cuando la onda “fashion” era una huachafería con muchas pretensiones pero poco contenido, era una mala palabra. Pero más allá de algún inevitable desatino, el Noa significó un camino que ha sido transitado ininterrumpidamente por 12 años, con abismos y cimas características de este negocio. Para bien o mal, el Noa ha sido y es la mejor discoteca de IQT (hay muy pocas razones para dudar de ello). Nadie que quiera conocer un poco nuestra ciudad puede dejar de asistir y dejarse llevar por su fingida distinción, por su frivolidad con aire aspiracional, por las chicas bonitas que pululan (tanto las santas como aquellas de la “cuestión”), mientras se ríe de todos eso tíos y tías que quieren pagar un poco más para bailar las pandilladas y las cumbias que no pueden en el Complejo o el Agrico (o quizás sí, pero de modo muy caleta). Finalmente, aunque parezca mentira, el Noa ahora representa un signo de rebeldía contra el stablishment, encarnado en ese lamentable e inútil Plan Zanahoria que nos ha enchufado la peor administración municipal de nuestra historia.

Café Teatro “Amauta”. La figura de Mario Celi Alemán merece una segunda oportunidad. Algunos, incluso, fuimos severos con una época en la cual el ruido había ganado a sus fastos. Sin embargo, dada la perspectiva, suena como una infamia haberle quitado las mesas donde prestaba sus servicios en las afueras del local de la calle Nauta (cuando había locales mucho más impresentables que realizaban mayores tropelías contra la ley y nunca fueron tocados por la extraña ley de otra administración edil olvidable). A pesar de que sus precios nunca fueron de lo más baratos y a pesar de que la intransigencia - a veces - ha sido un signo distintivo de su propietario, ningún bar como el Amauta ha decidido apostar e invertir en cultura, con entusiasmo y con frenesí. En sus mejores momentos fue uno de los sitios de diversión más agradables, en los que la bohemia se mezclaba con discusiones intelectuales que ahora, dado el acelerado proceso de barbarización que nos quieren vender algunos (con la complicidad de los envidiosos, la mala leche de los mediocres y la indiferencia de los tontos útiles de siempre), se reclaman con urgencia.

Adonis. No sé cómo le irá, hace años no he vuelto a ir. Sin embargo, para recordar tiempos antiguos, los cuales - imagino - deben ser iguales ahora, reproduzco un extracto de mi libro IQT (Remixes) sobre la discoteca de ambiente más representativa de la ciudad: “El ingenio de los diseñadores permite cruzar un túnel de concreto, pintado e iluminado con tonalidades violáceas. Un lento crujir electrónico, latino y amazónico golpea mi cerebro y mi corazón con afán monocorde. Tum, tum tum, tum. Se abre la puerta principal y la imagen empaña mi visión. Los flashes y luces rojizas, naranjas, amarillentas, verdosas; las cortadoras; las esferas retro que reflejan platino en cada resquicio del local. Un chiquillo menea su cuerpo como una batidora al compás de un techno salvaje. Asistentes: fácilmente superan los 350. El aire es viciado, espeso, caliente. Las prendas se te adhieren al cuerpo, el profuso sudor de los invasores te retiene. La zona es un solo de jadeos y sofocos implacables.”

Plaza Serafín Filomeno. Siempre fue una arteria llena de vida, incluso cuando su estela se llenaba de humo y olores extraños (o personajes perniciosos y ladronzuelos de medio pelo). Puerta de entrada a la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana, en algún momento fue agredida con la abrumadora imagen de un amorfo loro mal de concreto mal pintado, signo mayor de la huachafería “artística”. Sin embargo, sus terrenos cercados por chicas y chicos que descansan/conversan/vegetan, entre clases/exámenes/susurros/días que se suceden invariablemente, han sido testigos de escenas personales impagables. ¿Esas noches conversando de Goethe y cagándonos de risa del Maestro Chochito con Aigor Guitar? ¿Esas tardes guareciéndose de la lluvia en el departamento de Lengua y Literatura con la chica más bonita de IQT? ¿Esos distraídos atardeceres escuchando imperfectos acordes guitarreros de aspirantes a émulos de Daniel F? Claro; los chicos/las chicas caminan/corren aún por esas maltratadas aceras, esperando encontrar su momento ideal. Pero la vida también consiste en eso: la simple conjunción de una risa, una mochila y un cigarrillo apagándose en tus dedos.

Puente del CNI. En sus horas-punta, cientos de mototaxis/motos/omnibuses/automóviles van y vienen por la Avenida Quiñones, atosigándonos con ruido y dióxido de carbono. Encima - solo levemente encima - entre el glorioso Colegio Nacional de Iquitos y la calzada que conduce a la sede del Gobierno Regional de Loreto, reposa un puente peatonal que descubre las incertidumbres más radicales del tráfico. Nunca he dejado de levantar la mirada cuando paso por debajo de él. A veces cierro los ojos y hago mentalmente un ejercicio: imagino que Alicia Silverstone, el sueño húmedo de muchos adolescentes de mi generación, vuelve a escenificar los momentos cumbres del videoclip de “Cryin”” (del grupo de rock Aerosmith). La Silverstone mira el horizonte, deja que su cuerpo se bambolee y, con total desapego, se deja caer hacia la vía atestada de vehículos. Sin embargo, extrañamente flota, empieza a volar y se pierde por los aires. Una mañana del 2005 subí a ese puente, con un equipo de filmación. Quise ver si ella estaba arriba, esperándome. Solo encontré semillas de aguaje desperdigadas en el suelo y el mismo caos visto desde arriba. Hice un par de tomas y planos de pisadas que bajan por las escaleras. Después las inserté en una de las escenas de un video sobre la visita de Ernesto Cardenal. Fue mi última vez detrás de cámaras. Fue mi última vez sobre el puente. Me da miedo subir y no encontrar otra vez a la Silverstone.



La top model iquiteña de portada

Nicole Faverón Vásquez nos recibe en medio del bullicio atestado de un centro comercial limeño, con una sonrisa muy cordial, que uno inmediatamente asume que es natural. Aunque la joven a la que vamos a conocer y entrevistar trata de pasar desapercibida, camuflada entre unos sencillos anteojos para corregir defectos de visión y ropa que las chicas de ahora usan con mucha profusión, el porte y el perfil del rostro la delatan. Es altísima (1.83 metros), de tersa y clarísima piel, así como unos grandes ojos negros que miran con profundidad. Su look es simple, pero impecable. Con ella, la casaca de cuero que viste adquiere impactante vivacidad.

 

En este carnaval de idas y vueltas que a veces es la vida, Nicole me comenta que acaba de llegar de los Estados Unidos, donde acaba de iniciar las sesiones como modelo exclusiva de la súper famosa compañía Maybeline Internacional, al haber sido seleccionada como una de las cinco mejores modelos del prestigioso concurso mundial Ford Supermodel of the World, de la agencia Ford Models de Nueva York cuyo objetivo es buscar nuevos valores alrededor del mundo para el negocio de las pasarelas. Luego de pruebas y competencias locales, nacionales, regionales y planetarias, Nicole ha sido contratada por un generoso monto para seguir una carrera que tiene su epicentro en uno de los epicentros de la industria del glamour. Un mes entero en la gran manzana, un mundo nuevo, solitario, difícil.

 

Uno empieza a conversar con Nicole y siente que está frente a una chica bastante entretenida, graciosa, traviesa, una chica grande. Y, además, no es alguien demasiado preocupada por el lujo y el desenfreno de la edad, que podría ser el cliché respecto del oficio. Cómo llega Nicole –una joven de 20 años, estudiante de psicología en la UPC- a ser un referente de la moda nacional para el mundo, es en verdad, un proceso paulatino que ha ido tomando viada en su vida. Desde por lo menos un año atrás, ha estado alternando sus clases universitarias con un espacio por el cual, confiesa, en un principio no se sentía atraída porque creía que era una galaxia lejana y algo frívola.

 

Obvio, nadie nace sabiendo, Nicole bien se dio cuenta de que este podía ser un trabajo digno en el que, por entregarse de lleno a interpretar momentos, sentimientos y actitudes (de acuerdo al gusto y la exigencias de diseñadores, fotógrafos y productores), podía tener un dinero que ayudará a pagar las elevadas pensiones de su carrera. Su padre, Enrique, ya se encontraba en los Estados Unidos, trabajando. Su madre, Eliana abogada, había vuelto a Iquitos para dedicarse de lleno a empeños profesionales que la llevaron primero al Poder Judicial y luego a la Procuraduría. Uno ve el perfil de Nicole y conoce que su madre es loretana; entonces cree realmente por qué esta chica se considera más charapa que limeña.

Un Dia En La Vida De Pro & Contra

Un diario se forja a partir de la cotidianidad y del tesón. Es una labor de gentes que han decidido creer que la noticia es una emergencia permanente que sonará en cualquier momento en su teléfono celular. Es una metodología de la redacción, que se transforma pronto en exclusiva y quizás pronto en acontecimiento que al día siguiente un gran sector de la opinión pública comentará. El diario es una urgencia que cede siempre a la mirada desprejuiciada, a la desconfianza, a la duda. A través de esas páginas que salpican palabras y dentelladas, la opinión se encuentra con el dato, con el perfil, con la evocación de momentos cumbre, y en los cuales el golpe de efecto nunca tendrá la inmediatez paranoica de los otros géneros comunicativos, sino, al fin y al cabo, una radiografía de cómo un hecho concreto puede exasperar hasta el límite la capacidad de tolerancia y de análisis, el genio particular y el humor desaforado de quienes se encargan de acercarlo al formato.


Darwin Paniagua

Rey de la prensa escrita, el diario tiene una personalidad múltiple que siempre cede ante la ética del colectivo. Existen grandes periodistas que trabajan en la televisión. Abundan hombres de oficio notable que han hecho de la radio su modo de expresión básica. Se ha logrado que en estos tiempos globalizados se reproduzcan como una plaga una tropa de eficaces video-reporteros versión 2.0, bloggers con aliento totalizador, innovadores creadores de información a partir de las nuevas tecnologías disponibles. Sin embargo, a pesar de las con aún es cierto que es en el formato del papel impreso donde he descubierto la más impecable cobertura de lo real, las mejores historias, el mejor tratamiento informativo, los mejores reportajes, el mejor estilo, el mayor interés por la innovación de la presentación y, claro está, los más osados, divertidos, inteligentes y legendarios personajes que han pasado por el oficio.


Héctor Tintaya, Marco Antonio Díaz, Darwin Paniagua, Jorge Carrillo y Jamie Vásquez hace algunos años atrás.

Pero, usualmente, la vida en un diario, tiene la moral de un colectivo. Tiene la serena certeza de que, en el mejor de los casos, el más pintado de sus miembros puede ser siempre estrella pero nunca será centro del universo. La soledad, aunque quiera pensarse lo contrario, nunca es moneda corriente dentro de un diario. Incluso, aquellas puyas legendarias que se van creando, a partir de la competencia feroz e inútil, siempre ceden ante la majestad del prestigio. Y entre todo ese vaivén, uno puede percibir anécdotas que vale la pena atesorar en la memoria, en procura de tiempos mejores - de exceso - en los cuales pueda descubrir su valía. Pro & Contra, el diario en donde vengo colaborado de modo permanente por ya cinco añejas temporadas, también tiene una historia detrás de la historia. También tiene una vida que aletea salvajemente y que bien vale la pena relatar.


Marco Antonio Diaz

Un juane

Pruebe usted un juane, estimado lector, y entenderá un poquito de lo que la sensación amazónica le tiene prevista en cualquier momento de su existencia. El juane es una necesidad vital en el variado menú alimenticio de esta parte del país, pero también es una explicación esencial sobre el simbolismo. Detrás de un plato, se entretejen una serie de factores sociales, culturales, históricos e incluso económicos, que a su vez dan forma a la idiosincrasia local.

Un juane se convierte por estas épocas en amo y señor, venerado espécimen que busca guardar sus semejanzas con el personaje del cual deriva su nombre, San Juan Bautista, venerado seguidor de Jesucristo, quien perdió la cabeza, episodio mediático aparte, en una prueba de fe. La imagen, vívida, del caído en una metáfora cargada de humor negro e ironía religiosa, levanta las faldas de las festividades del 24 de junio, una mezcla de gran juerga que celebra el mero hecho de la reunión. Hay baile, tragos y un elemento de sensualidad y erotismo incomparables. El santo patrono lo permite todo, se tapa los ojos y deja que lo demás pase, de modo natural. El resto, corre por cuenta de los simples mortales, quienes, a menudo - felizmente - no son modelos de continencia ni falsa virtud.

Pero en medio del frenesí y el boato, sobrevive el delicioso aroma de esta acumulación de ingredientes que se envuelven en hojas de bijao. En bandeja de plata, en tabla de topa, en plato de loza, en vajilla de porcelana. No hay ingrediente más importante que la destreza de quien lo prepara. No hay elemento secreto más exitoso que el de la encantadora alegría colectiva en que se convierte su preparación.

Es cierto que el sacrificio del Bautista se repite en el genocidio de gallinas y pollos, quienes pierden el pescuezo y la vida a favor de una misión aún más elevada. Aunque sería mejor no participar del degollamiento de las aves, la sola presencia de una de aquellas, engordadas con comida casera, con cuidado y delicadeza de virgen vestal a punto de ser entregada a las fauces del dios, rumbo al sacrificio - y a la olla - es un acontecimiento de conmovedora sensación. Las madres de casa, las mujeres-matronas-matriarcas se encargan de acomodar las circunstancias para que la carne esté destinada. En tanto, se acondicionan los demás elementos. Si es posible, no debe faltar en la cocina una buena radio que amenice el ritual (es una regla no escrita, otro tip gastronómico, que es bueno batir el arroz en las enormes ollas al ritmo de una pandillada o una alegre tonada que interpreta cualquier grupo local).

Aunque el juane común es el de arroz, que se prepara además con diversos ingredientes, pero en los que no debe faltar el palillo, que le da el sabor característico a una buena presa, hay una serie de variantes, poderosas, subversivas y por demás deliciosas. Debo añadir que estas heterodoxias se deben agradecer por su Por ejemplo, el nina juane, le debe gran parte de su consistencia a la clara y la yema de huevo de alguna pechugona gallina de corral. Pero si, por ventura de su sabiduría, decide usar chonta (palmito) - y usted es experto(a) cocinero -, caray, mejor no le cuento las innumerables muestras de cariño y agradecida admiración que recibirá. Claro, desde el indomable departamento San Martín, en especial Moyobamba (cuna ancestral de gran parte de la cultura amazónica), pueden encontrarse variedades más exóticas y elaboradas como el avispa juane (elaborado con carne molida). Más de una vez alguien nos ha invitado variantes del platillo en las que la carne predominante era paiche. Por su parte, el recordado periodista Guillermo Flores Arrué, en su libro Inguirito Machacado, nos legó la receta para preparar una verdadera rareza: juane de suri.

Claro está, nuestras madres y abuelas nos han indicado que más allá del sabor y de los elementos usados, importa mucho la forma en que éstos se conservarán. Por favor, candoroso lector, sepa escoger las hojas que alojarán su futuro juane. Las recomendables son, obviamente, las de bijao. Algunos han intentado usar hoja de plátano, pero no es garantía de sabor. Luego de ello, viene lo verdaderamente heroico: amarrar la preparación. Sea cuidadoso. Consiga pabilo resistente, amarre con mucha dedicación, fijándose si no deja ningún resquicio a la intemperie o por donde pueda entrar el agua (puede ser el preludio de un desastre mayúsculo). Una vez que esté seguro de la operación, los atados deben ir a la olla por una hora aproximadamente. Todo listo para ser servido, con plátano o yuca cocidos, acompañado por perfumadas y poderosas salsas de cocona o de cebolla finamente picada y sonrosada.

Buen provecho y feliz San Juan. Que los juanes les sean propicios.

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