La marca de la bestia

Muy temprano, me invitan a un programa radial. Hay una pausa comercial. Soñoliento aún, entro a la cabina. Me encuentro con una querida amiga religiosa, a quien no veo hace tiempo. En tanto, la periodista, pequeña y combativa, me sonríe, intercambiamos gestos. Se acaban los comerciales. La febril metodología de la transmisión en vivo, golpea el relajo dentro del set. La periodista, dueña de una voz de acero, se enlaza con un barrio modesto, de los muchos que existen en Iquitos. Hay un dato bomba, que se ha estado regando como reguero de pólvora en toda la ciudad. El reportero la saluda y anuncia la noticia: han capturado a un presunto miembro de la secta diabólica que tatúa con el sello “666” a niños en edad escolar.

Como es evidente, nuestra completa atención se deposita en el transmisor que llega desde la zona de Punchana. Se reporta que el sujeto capturado, un cuarentón sin luces - sin más oficio ni beneficio que el hueveo o los esoterismos chicha - ha propuesto a una espantada madre “comprarle” a su hijo para, según el reportero, “sellarle” la marca diabólica-maldita-innombrable en alguno de sus brazos. Hay gritos, forcejeos, motocarros que pasan y vuelven chirriando. Las declaraciones que se pueden distinguir en medio del bullicio salvaje de la mañana - usualmente no hay actividad que no venga precedida del mismo – reiteran un veredicto indubitable: para la masa, el gentío, la muchedumbre, el bufoncito de ocasión, el mequetrefe de ideas extravagantes y absurdas, es poco menos que la encarnación del Mal, un agente camuflado por Luzbel en este mundo de los vivos para la macabra tarea de coleccionar infantes-ángeles-inocentes, matarlos o ultrajarlos. Mi querida amiga religiosa escucha en silencio, en vilo y abandonada a su propio temor, con las manos inquietas. La periodista inquebrantable, fogosa y decidida, anuncia que la policía ha introducido dentro de un calabozo de la comisaría del sector al discípulo del Maldito Cachudo. Las madres de familia, aterradas y envalentonadas, piden justicia por su propia mano. Hay tensión en el espacio cerrado. Hay un ambiente cargado de sensaciones encontradas. Yo me olvido rápidamente el tema por el que fui invitado a dialogar.

En el camino de retorno, luego de hablar de cosas que ya no recuerdo, corro inmediatamente al primer puesto de periódicos. Devoro, sin cesar, todos los diarios (o los que fungen de tales). Analizo diversas teorías, ángulos, chismorrerías y cacofonías para un mismo tema. Descubro una sincera confesión de un señor que forma parte del rito. En sus ojos descubre uno el virus de la alucinación. Y de la broma pesada disfrazada de fuego perpetuo. Con sensacionalismo, aplicando humor involuntario, demostrando harto desconocimiento, exhibiendo imágenes de seres comunes y corrientes a los que le salen los ojos de sus cuencas y la saliva les empieza a chorrear espontáneamente debajo de la comisura de los labios cuando despotrican de los “marginales”.

Estoy convencido: la histeria colectiva ha vuelto.

- Dicen que cuando nos ponen esos números nos lleva el Demonio al Infierno, ya no podemos volver y nos quemamos con agua caliente – me dice el sobrino de una amiga muy especial, mientras trató inútilmente de jugar con un Gameboy sobre muertos vivientes a los cuales hay que disparar hasta convertirlos en masa viscosa, sanguinolenta e inerte, destreza en la que el infante, obviamente, es un verdadero monstruo.

- Por mi casa hay unos jóvenes satanistas..satánicos…satanices (como pucta se llamen) y dicen que ellos son gente que se agarra a los chibolitos y los sacrifican, para luego dizque ser inmortales, como los murciélagos – me indica un motocarrista sabroso-karibeño-grupocinco-maniático, con sus lentes enormes de soldador, sus guantes de lana y su tatuaje de una cobra erecta en el hombro derecho.

Este fin de semana, las conversaciones sociales han versado con sus bemoles sobre el aspecto de los apóstoles de la crueldad. Medio en broma, medio en serio, la gente comenta sobre sus métodos, sus actividades, su forma de abordar a los jovencitos. Me he enterado que otra vez se ha puesto de moda leer el Libro de las Revelaciones (mejor conocido como Apocalipsis), best seller incluido en La Santa Biblia. En los colegios, se ha redoblado la seguridad (que, en buen cristiano, significa que los vigilantes dejarán de ser menos lerdos de lo que usualmente son, pero igual de ineficientes). Medio en broma, medio en serio, me comentan que los puestos ambulantes de videos piratas han recibido solicitudes urgentes de películas como La Profecía y Estigma.

Las madres de familia, desesperadas, buscan proteger a como dé lugar a sus hijitos, mientras ellos han hecho del asunto vehículo para la diversión y la chacota. En el mercado de Belén ya se venden, clandestinamente, sellos con la imagen 666, como antes se vendían tintas de caritas felices (el inefable Smile) o parches con la lengua de los Rolling Stones. Los escolares palomillas, incluso, se dibujan con lapicero las cifras y jocosamente desafían la nueva creencia (o la misma de siempre, reinventada para la época).

- Es el fin del mundo, hay que estar preparados, la Bestia ha salido a cazar pecadores – me señala una contrita beata, de las que usan faldas hasta los tobillos y tienen el mismo rictus de no haber sido jamás besadas.

Yo me siento en la mecedora de la huerta de mi casa, debajo de viejo árbol de mango en que – decían – su madre, una viejita con ojos rojizos encendidos, orejas puntiagudas y risa sarcástica, nos cuidaba todas las noches de los impuros, los ladrones y los gatos techeros. Termino el guión de una próxima película, mientras pienso que la marca de la bestia y la resurrección de Damián – el niño maldito – hubieran sido materias primas para despertar las pulsaciones básicas del pueblo, de la tropa que está siempre a la caza de mitos, historias, charlatanerías y verdades inventadas en las cuales creer desesperadamente (o concentraciones sobre las cuales descargar todos los miedos y fobias propias de la desopilante humanidad).

¿Más extraña que la ficción? La realidad, sin duda alguna.



Una Semana del Libro para recordar

Paco Bardales.

La 5ª Semana del Libro de Iquitos, organizada por Tierra Nueva Editores, culminó este jueves 11, luego de siete días de diversas actividades culturales. En términos moderados, se puede señalar que ha sido satisfactorio para los organizadores constatar el progreso que la misma ha logrado no solo en la consideración del público, sino también en la opinión nacional. Además, debido a esta convocatoria se dieron cita en nuestra ciudad los más importantes periodistas, escritores y personalidades artísticas peruanas de la actualidad.

La presente edición ha sido la que mayor número de invitados y actividades ha llevado a cabo en mucho tiempo. Han sido más de una veintena los personajes que han visitado nuestra ciudad y cerca de cuarenta las actividades que han sido llevadas a cabo en esta oportunidad. Además, se tuvo como gran punto central de actividades a la Universidad Particular de Iquitos (UPI), cuyas autoridades y directivos tuvieron la nobleza y el gesto de albergar estas presentaciones, que tienen como mayor fin que sus alumnos y docentes puedan retroalimentarse con los conocimientos de tan distinguidos visitantes.

No podemos negar que el gran momento de la Semana del Libro fue gran el estreno de la película documental “Amazónico Soy”, dirigida por José María “Chema” Salcedo, filmado y producido íntegramente con fondos locales. Además de Salcedo, estuvieron con nosotros gran parte del equipo técnico que hizo posible el trabajo: Carlos García, Alfredo Filomeno, Abraham Padilla y Leo Ramírez, además de algunos de los protagonistas como el popular “Huerequeque”, los jóvenes de la Asociación La Restinga, las protagonistas del equipo de fútbol “Las Vírgenes”, Nicodemo Rivera, Luís Culquitón, Víctor Gonzáles, entre otros. En escasos tres días de proyección comercial en el Multicines Iquitos, “Amazónico Soy” ha tenido amplia acogida, incluso varias funciones se han agotado, convirtiéndose en una de las películas más taquilleras exhibidas a nivel local en lo que va del año.

Además, para participar de las actividades culturales, llegaron a Iquitos los periodistas Marco Sifuentes y Giancarlo Stagnaro, quienes disertaron sobre blogs y periodismo. Sifuentes, conocido administrador del influyente blog El Útero de Marita, dio pautas para el desarrollo de los mecanismos para crear un blog exitoso. Stagnaro cumplió con presentar la bitácora electrónica literaria “El Hablador”. El evento contó con la presencia de numeroso público presente, sobre todo jóvenes universitarios, además de los bloggers más representativos de la ciudad, quienes luego de la presentación fueron retratados en una foto colectiva con los invitados especiales de ocasión.

Además, el poeta y periodista Renato Cisneros presentó el sábado 6 el libro “Busco Novia” (editado por el Grupo Santillana) en El Dorado Plaza Hotel. Acompañado del ilustrador Alfonso Vargas (quien horas antes dictó un taller de ilustración horas antes), fue un diálogo entre ambos personajes, los cuales contaron divertidas anécdotas sobre la elaboración del blog que dio origen al libro, que es uno de los fenómenos editoriales más importantes de los últimos tiempos en el país.

La presentación que tuvo mayor audiencia fue el conversatorio sobre literatura y periodismo que brindó el conocido periodista Beto Ortiz. El numeroso público, que escuchó expectante todas sus intervenciones, chispeantes, polémicas y entretenidas. Además el conductor del programa televisivo “Enemigos Íntimos” disertó sobre diversos aspectos de la profesión periodística y participó en un diálogo con los estudiantes universitarios.

El autor que más libros vendió en esta oportunidad fue el conocido escritor y periodista Pedro Salinas, quien acompañado del editor de cultura del diario Correo, Manuel Eráusquin, presentó los dos volúmenes de su libro Rajes del Oficio (editado por el Grupo Planeta), donde realiza entrevistas a los más representativos miembros del gremio periodístico. Salinas respondió todas las preguntas que le hizo Eraúsquin, en un diálogo sobre las anécdotas más reveladores de estas conversaciones, que son consideradas como un compendio de lo más selecto de las opiniones de periodistas nacionales.

Una presentación muy especial, que tuvo una interacción muy importante, fue el taller de periodismo narrativo dictado por el editor general de la prestigiosa revista “Etiqueta Negra”, Marco Avilés. Por su parte, el narrador y director de la revista “Urbania”, Juan José Sandoval, presentó su novela “Barrunto”. En la exposición se realizó una presentación del cortometraje inspirado en los relatos que conforman el libro, reeditado de forma independiente.


Paquito D’Rivera

Un invitado de lujo en esta Semana del Libro fue el saxofonista y cubano Paquito D’ Rivera, considerado uno de los mejores músicos contemporáneos del mundo, quien fue declarado embajador cultural amazónico. D’ Rivera, presentó sus libros “Oh La Habana” y “Mi vida saxual” y recibió el reconocimiento que lo acredita como uno de los más importantes promotores de la candidatura del río Amazonas como una de las 7 maravillas naturales del mundo.

Un invitado de primera fue el escritor Juan Manuel Robles, quien presentó “Lima Freak”, un volumen con perfiles desconocidos de personajes populares de la actualidad nacional. Robles es considerado como uno de los narradores de prensa escrita más prestigiosos del continente y acaba de recibir un reconocimiento en México por haber sido finalista del célebre Premio Latinoamericano de la Fundación Nuevo Periodismo, que dirige el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez.

Durante la clausura de la Semana del Libro se presentó el libro “Ribeyro, la palabra inmortal”, escrito por el conocido escritor y periodista Jorge Coaguila y editado por Tierra Nueva. En la presentación estuvo el narrador loretano Percy Vilchez. El estudio es una reedición de los más importantes ensayos sobre la obra del destacado cuentista nacional Julio Ramón Ribeyro, y tiene relatos inéditos.

Además, la comunicadora Guadalupe Eto Chero se encargó de presentar, junto con alumnos universitarios voluntarios, los resultados de la Consulta Ciudadana “¿Información para qué?”, sobre medios de comunicación televisivos, un Informe de Veeduría Ciudadana de la Comunicación Social.

Además, la Plaza 28 de Julio, se convirtió durante la Semana del Libro en escenario de exhibición de diversos documentales nacionales de importantes realizadores nacionales. Entre ellos “El caudillo pardo” de Aldo Salvini, “Choropampa” y “Tambogrande” de Ernesto Cabellos, “El país de los saxos”, de Sonia Goldenberg, “Buscando el azul” de Fernando Valdivia, “Peces de ciudad” de Luís Degregori, “Sueños Lejanos” e “Historias de hombrecitos”, de Alejandro Legaspi y “Las manos de Dios” de Delia Ackerman. La selección de trabajos fue hecha por el equipo editor de la prestigiosa página web Cinencuentro

Además, con ocasión de la 5ª Semana del Libro, ayer se presentaron los libros loretanos “Los Dueños de los astros ajenos” de Percy Vílchez, los tres volúmenes de “Apuntes para la historia de la filosofía” de Julio Olórtegui, “La Jungla de Oro” de Javier Dávila Durand, editados por Tierra Nueva, y “Wazuriri” del joven narrador Cayo Vásquez.

Por su parte, la editorial Planeta, a través de su directora de Marketing y Prensa, Tarcila Shinno, llevó a cabo la donación de tres mini bibliotecas a igual número de colegios. En un primer momento, se entregó una serie de libros de diferentes autores en el Colegio Nacional Iquitos – CNI. Luego los colegios beneficiados fueron el Experimental UNAP y Nuestra Señora de la Salud. Las mini bibliotecas entregadas servirán para que en los colegios se fomente la lectura entre los estudiantes.


Polizontes con Hector Tintaya

Adicionalmente, gracias a los esfuerzos por llevar a cabo la difusión de la labor cultural loretana, estuvieron con nosotros los periodistas de Caretas, Maribel De Paz y Javier Zapata y de Perú 21, José Gabriel Chueca y Alejandra Costa, el cronista del diario El Comercio, David Hidalgo, la conductora del programa televisivo “Polizontes” de Plus TV, Ericka Beleván, y el representante nacional de librerías SBS, Omar Guerrero.

Finalmente, en nombre de la organización, debemos agradecer a todos quienes hicieron posible el éxito de este evento. En primer lugar el equipo de trabajo, liderado por Jaime Vásquez y flanqueado por Héctor Tintaya, Nelson Mori, Moncada, Jorge Carrillo, Katty Riveros, Pedro Paredes, Bill Jarama, Mónica Morales y Vania Ochoa, entre muchos otros. También a quienes auspiciaron e hicieron posible este evento: al Gobierno Regional de Loreto, la Municipalidad de Maynas, el IIAP, Electro Oriente, El Dorado Plaza Hotel, El Dorado Hotel (en especial a su gerente, Jorge Linares), a la UPI (con énfasis en sus directivos de la Facultad de Ciencias de la Comunicación e Imagen), además de todos quienes apoyaron la Semana del Libro como el Grupo Planeta, Grupo Santillana, Librerías SBS, Audiovisual, instituciones públicas y privadas, medios de comunicación y el gran público que nos acompañó fiel y generosamente durante estos días. Fue una gran semana cultural para recordar.

Hogar

Antes de decolar, miro por la ventanilla del avión que me trae de regreso, luego de un prolongado tiempo de ausencia. Hace un momento he estado escuchando “Rehab”, la canción símbolo del nuevo símbolo rebelde de la música mundial. El Aeropuerto parece no haber cambiado. Empiezo a sentir el fuerte cambio de clima. Trato rápidamente de introducir en mi bolso la revista In, que Lan coloca en sus aviones (debo reconocer que lo único que colecciono, aparte de fotochecks de eventos en los que participo, son publicaciones de aerolíneas). El piloto dice por los parlantes: “a los que regresan, bienvenidos a casa”.

Sol de 34 grados. Mucho verde y bastante ruido. Una sensación de bochorno fuerte. Harto sudor.

En mi trayecto, mientras mis amigos Maribel y Zapata de la revista Caretas se reencuentran con mis amigos Jaime y Potro, siento que hay muchos espacios vacíos que llenar.

Releo un libro excepcional, llamado Nada que hacer, escrito por un cubano excepcional, sucio, lisuriento, escatológico, llamado Pedro Juan Gutiérrez. Este librito forma parte de un conjunto llamado Trilogía Sucia de La Habana (el solo titulo basta y sobra para seguirle la cuerda totalmente). A partir de ella, siento que la escritura no tiene nada que ver con el placer. Es sobre la necesidad y sobre la urgencia. Quisiera ser Gutiérrez. Quisiera tener su talento para escribir. Escribir no me hará rico (completamente convencido ahora) Escribir duele (eso ya lo había escrito antes). Pero escribir también sana, salva y reconforta (como El Divino Niño).

Debería verme todas las películas que han llegado a mi DVD, mientras, como un demente, garabateo notas y siento que el terror es parte de mí. Y pienso un poco en el Campamento Alianza y en todas las historias que seguramente me han contado todos los amigos que he citado y acudido. Y pienso en yacurunas y Pacaya Samiria y cámaras digitales.

La idea siempre ha sido ser uno mismo. Y, claro, sobrevivir en el intento. Aunque no sea entero, pero vivo. Por ejemplo, leyendo párrafos impresionantes como éste de Gutiérrez:

“Desde aquí arriba se ve toda la ciudad a oscuras (…) No hay viento y el humo se queda tranquilo. Un olor como amoniaco inunda la ciudad. La luna llena lo platea todo a través de esa niebla densa de gas y humo. Casi no hay carros. Algún auto por el Malecón. Todo en silencio y tranquilo, como si no pasara nada. Solo los tambores que se escuchan apagados y lejanos. Me gusta este lugar. El mar se ve plateado hasta el horizonte. Cuando ya no soporto más el humo y el gas, entro al cuarto y cierro la puerta. Sigue el calor. Refrescará más tarde. Sólo dejo abierta la ventana pequeña que da al sur. Desde allí se ve toda la ciudad, plateada entre el humo, la ciudad oscura y silenciosa, asfixiándose. Semeja una ciudad bombardeada y deshabitada.(…). No necesito más. Tengo que evitar a los demonios, y ser fuerte. En definitiva sin fe cualquier sitio es otro infierno.”

Aunque IQT quizás no sea el Paraíso de la tierra (¿qué ciudad lo es?), sin embargo, esas palabras suenan como a realismo mágico total y diferente.

Welcome home.

Hogar, al fin y al cabo, es aquel sitio al cual siempre vuelves, mental o físicamente. Para bien o para mal.

En menos de dos días he vuelto a encontrarme con amigos, he tomado con el tío Huerequeque, me he sentado a disfrutar del aire acondicionado del hotel El Dorado, he comido platos gigantescos en La Isla de Bellavista, he degustado un delicioso paiche a la loretana en El Mijano, he recorrido las calles de siempre, he dejado que la lluvia y el cambio de clima destruyan mi garganta, he llenado una canoa con racimos de plátano, sandías y libros para una foto legendaria de Jaime (dará que hablar, estoy seguro). He vuelto a encontrar a mi hermano Bendayán y a mis hermanos de Pro & Contra y La Restinga. He sido partícipe de una tormenta regional con truenos y relámpagos. He seguido una pequeña procesión de homenaje al Niño Jesús de la Caja y he visto con terror mi cara en la tele de una sanguchería. He salido a recorrer otra vez la noche y he vuelto a sentir chiri-chiri y ganas desmesuradas de divertirme cuando escucho a Explosión. He visto diez mil personas corear “Ojalá que te mueras, que todo tu mundo se vaya al olvido” de los Hermanos Yaipén, he bailado melodías indescifrables en el Anubis con las reporteras pequeñas. He comido unas hamburguesas madrugadoras donde el Chato, acompañado del binomio Caretas. He pensado en libros, autores, documentales y el pequeño respeto que, al fin, empieza a recibir la cultura amazónica a nivel nacional e internacional.

Estoy de nuevo en IQT. Y es bueno estar aquí.

La historia que se devoró al presente

Las cosas a veces tienen un tono extrañamente irónico. Voy en uno de los asientos traseros de una combi, acurrucado del frío y el viento helado limeño. De pronto, el chofer sintoniza una radio de noticias. Una señora ministra – Fernández, para más señas – se queja dramáticamente de los pobladores amazónicos. Extraviada en su arrogante ignorancia, agresiva como ciertos funcionarios que fungen de columnistas, la ministra-defensora-de-Ernesto-Schutz condena la conducta violenta/agresiva/pataletera de los habitantes de “esa zona alejada”, que se han traído abajo los decretos “modernizadores” 1015 y 1073 en el Congreso de la República.

No dejó de subrayar mentalmente algunas frases antológicas: “esa zona alejada”, “esos decretos modernizadores”.No dejo de interpretar esa connotación silvestre y agresiva intrínseca al ser amazónico. Los intelectuales de periódico conservador, los analistas de cable e internet braman “paternalismo”, “oportunidad desperdiciada”, herejía. En el año 2002, el APRA fue líder del movimiento irracional que se opuso a la privatización de compañías de energía eléctrica en Arequipa, promoviendo una revuelta vandálica en las calles y la renuncia de un ministro. No recuerdo alguna declaración de la ministra Fernández reprendiendo a los arequipeños por su mal proceder. Sí recuerdo, bastante, a los actuales jerarcas apristas promoviendo el sabotaje de los empeños del gobierno anterior con los mismos argumentos que repudian actualmente.

¿Cuándo una señora como Rosario Fernández se convirtió en la nueva abanderada de ese núcleo duro de ignaros que deciden por la Selva sin saber casi nada de ella? ¿Habrá leído la señora Fernández algún libro de historia amazónica? ¿Lo habrán leído algunos de esos columnistas nacionales que hablan de la Amazonía como si de su perro se tratase?

Dudo que Fernández y los neoconservadores que la secundan sepan que hace poco se ha publicado el libro Los dueños de astros ajenos (Tierra Nueva, Iquitos: 2008), riguroso y apasionante trabajo de investigación sobre aspectos recónditos de la historia amazónica. Su autor, Percy Vílchez Vela, ha gastado buenos años de su vida escudriñando en bibliotecas de altas paredes, hurgando en polvorientas y apolilladas fuentes impresas, acudiendo presuroso al llamado de testimonios orales que le certificaban algunas hipótesis, sistematizando – o intentándolo – el vasto, complejo y a veces caótico mapa cronológico de estos fastos.

Al leer las casi 300 páginas del libro (narradas con el apasionante y envolvente estilo de Vílchez), siento que el verdadero presente de la Amazonía está en las páginas y reproducciones del pasado. Digámoslo de modo muy simple: la Selva no es un producto que acaban de descubrir los opositores, no es un invento de Humala o Víctor Isla o la CGTP (tan proclives al nuevo imperialismo colonial de signo chavista). La Selva no es un acto de generación espontánea desde los escaños de congresistas que se alucinan sabios por haber ojeado algunos tomos de Monumenta Amazónica.

Vílchez no pontifica sobre diagnósticos tecnócratas, porque, en verdad, el libro retoma, a través de la reconstrucción de la memoria colectiva, el sendero de nuestro porvenir, al margen de cualquier estereotipo o prejuicio. No hay aquí lecciones de ONG o palazos de corte populista. Más bien hallazgos. Se descubre, por ejemplo, la gesta de 6 caciques asháninkas, quienes en 1594 viajaron a pie desde sus lejanos reinos hacia la indomable Lima, capital del nuevo Virreinato español, a fin de entrevistarse con los jerarcas de entonces, a fin de solicitarle atención de sus problemas más intensos, pero también lograr el verdadero conocimiento del conquistador del territorio conquistado, procurando que entienda las condiciones, la cosmovisión, el universo en el cual pretendían descansar su momentáneo poder. Se descubre, además, la verdadera gesta de Juan Santos Atahualpa, su lucha contra las imposiciones centrales, impuestas, arbitrarias, así como la búsqueda permanente del diálogo de aquellos habitantes originarios con los interlocutores extranjeros: la experiencia de los Jebero y el misionero Lucas de la Cueva, los Omagua buscando por largos cinco años alguien que los escuchara y visitara sus islas.

Claro, en un mundo que ayer y hoy ha sido y es indiferente con el devenir amazónico, con un centralismo enceguecido por su propia auto contemplación, existen formas de afirmación, escenarios de protesta, signos de libertad. Todas estas manifestaciones no se han gestado desde afuera (no hay acá un salvador de botas uniformadas rojizas ni un patroncito bonachón y buena gente que decide construir un puente y hacer una fiestecita con harto trago). La primera utopía indígena surgió en 1560, la Tierra Sin Mal, en medio del encierro que se iba postrando a la causa local, como una forma de soportar la postración material y el vasallaje (que se nutría de las armas y la fuerza bruta). Resistir era una forma más elevada de superioridad espiritual del linaje. Los pueblos originarios resistieron durante el periodo oscuro, expropiando para sí sus creencias, camuflando sus ritos ancestrales, afirmando el coraje de sus mujeres y la indómita rebeldía de su idealismo.

Todo está escrito, también, y el autor de este libro lo sabe, por eso se ampara en más de una veintena de obras para relatarnos una historia que no se queda en la reproducción monótona y el parlanchinismo, que supura mito, exuda detalle, abarca pasado y se nutre de presente. Vílchez ha tenido el gran tino de contar los hechos desde el punto de vista de los aparentemente vencidos; no para incidir en la resignación del hecho consumado, sino para discrepar, exponiendo datos objetivos que desvanecen la absurda idea de la noticia oficial y la crónica cortesana. La libertad y la propiedad de sus propias estrellas, dioses y senderos son bienes por los que los amazónicos tuvieron que luchar con fiera determinación.. Vílchez cuenta la historia como si nos estuviera relatando una reproducción de nuestras vidas actuales:“El que primero libera puede oprimir después. La terrible lección quedó entonces para los venideros como una indeseable alerta, un presagio fatal. La emancipación no era un maná terrestre. Desde las entrañas amazónicas, era apenas la estación de una lucha mayor y todavía trunca: la guerra por la liberación regional.”

En casa, miro mi afiche de Amazónico Soy. En mi reproductor, suena el Unplugged de Julieta Venegas, la diva chaparra canta El presente. Los políticos hablan en la televisión con la propiedad del cínico que de una idea ha confeccionado una doctrina. Los intelectuales despistados siguen en su retórica mediana, insuficiente, barroca. Todos tienen la boca llena de masa verde, caliente, vital. Y todos (unos más que otros) en su afán por parecer más cultos y más selváticos, irremediablemente, profieren disparates. Como antes. Como siempre.

Una vez más, la historia se ha devorado al presente.

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