La marca de la bestia
Muy temprano, me invitan a un programa radial. Hay una pausa comercial. Soñoliento aún, entro a la cabina. Me encuentro con una querida amiga religiosa, a quien no veo hace tiempo. En tanto, la periodista, pequeña y combativa, me sonríe, intercambiamos gestos. Se acaban los comerciales. La febril metodología de la transmisión en vivo, golpea el relajo dentro del set. La periodista, dueña de una voz de acero, se enlaza con un barrio modesto, de los muchos que existen en Iquitos. Hay un dato bomba, que se ha estado regando como reguero de pólvora en toda la ciudad. El reportero la saluda y anuncia la noticia: han capturado a un presunto miembro de la secta diabólica que tatúa con el sello “666” a niños en edad escolar.
Como es evidente, nuestra completa atención se deposita en el transmisor que llega desde la zona de Punchana. Se reporta que el sujeto capturado, un cuarentón sin luces - sin más oficio ni beneficio que el hueveo o los esoterismos chicha - ha propuesto a una espantada madre “comprarle” a su hijo para, según el reportero, “sellarle” la marca diabólica-maldita-innombrable en alguno de sus brazos. Hay gritos, forcejeos, motocarros que pasan y vuelven chirriando. Las declaraciones que se pueden distinguir en medio del bullicio salvaje de la mañana - usualmente no hay actividad que no venga precedida del mismo – reiteran un veredicto indubitable: para la masa, el gentío, la muchedumbre, el bufoncito de ocasión, el mequetrefe de ideas extravagantes y absurdas, es poco menos que la encarnación del Mal, un agente camuflado por Luzbel en este mundo de los vivos para la macabra tarea de coleccionar infantes-ángeles-inocentes, matarlos o ultrajarlos. Mi querida amiga religiosa escucha en silencio, en vilo y abandonada a su propio temor, con las manos inquietas. La periodista inquebrantable, fogosa y decidida, anuncia que la policía ha introducido dentro de un calabozo de la comisaría del sector al discípulo del Maldito Cachudo. Las madres de familia, aterradas y envalentonadas, piden justicia por su propia mano. Hay tensión en el espacio cerrado. Hay un ambiente cargado de sensaciones encontradas. Yo me olvido rápidamente el tema por el que fui invitado a dialogar.
En el camino de retorno, luego de hablar de cosas que ya no recuerdo, corro inmediatamente al primer puesto de periódicos. Devoro, sin cesar, todos los diarios (o los que fungen de tales). Analizo diversas teorías, ángulos, chismorrerías y cacofonías para un mismo tema. Descubro una sincera confesión de un señor que forma parte del rito. En sus ojos descubre uno el virus de la alucinación. Y de la broma pesada disfrazada de fuego perpetuo. Con sensacionalismo, aplicando humor involuntario, demostrando harto desconocimiento, exhibiendo imágenes de seres comunes y corrientes a los que le salen los ojos de sus cuencas y la saliva les empieza a chorrear espontáneamente debajo de la comisura de los labios cuando despotrican de los “marginales”.
Estoy convencido: la histeria colectiva ha vuelto.
- Dicen que cuando nos ponen esos números nos lleva el Demonio al Infierno, ya no podemos volver y nos quemamos con agua caliente – me dice el sobrino de una amiga muy especial, mientras trató inútilmente de jugar con un Gameboy sobre muertos vivientes a los cuales hay que disparar hasta convertirlos en masa viscosa, sanguinolenta e inerte, destreza en la que el infante, obviamente, es un verdadero monstruo.
- Por mi casa hay unos jóvenes satanistas..satánicos…satanices (como pucta se llamen) y dicen que ellos son gente que se agarra a los chibolitos y los sacrifican, para luego dizque ser inmortales, como los murciélagos – me indica un motocarrista sabroso-karibeño-grupocinco-maniático, con sus lentes enormes de soldador, sus guantes de lana y su tatuaje de una cobra erecta en el hombro derecho.
Este fin de semana, las conversaciones sociales han versado con sus bemoles sobre el aspecto de los apóstoles de la crueldad. Medio en broma, medio en serio, la gente comenta sobre sus métodos, sus actividades, su forma de abordar a los jovencitos. Me he enterado que otra vez se ha puesto de moda leer el Libro de las Revelaciones (mejor conocido como Apocalipsis), best seller incluido en La Santa Biblia. En los colegios, se ha redoblado la seguridad (que, en buen cristiano, significa que los vigilantes dejarán de ser menos lerdos de lo que usualmente son, pero igual de ineficientes). Medio en broma, medio en serio, me comentan que los puestos ambulantes de videos piratas han recibido solicitudes urgentes de películas como La Profecía y Estigma.
Las madres de familia, desesperadas, buscan proteger a como dé lugar a sus hijitos, mientras ellos han hecho del asunto vehículo para la diversión y la chacota. En el mercado de Belén ya se venden, clandestinamente, sellos con la imagen 666, como antes se vendían tintas de caritas felices (el inefable Smile) o parches con la lengua de los Rolling Stones. Los escolares palomillas, incluso, se dibujan con lapicero las cifras y jocosamente desafían la nueva creencia (o la misma de siempre, reinventada para la época).
- Es el fin del mundo, hay que estar preparados, la Bestia ha salido a cazar pecadores – me señala una contrita beata, de las que usan faldas hasta los tobillos y tienen el mismo rictus de no haber sido jamás besadas.
Yo me siento en la mecedora de la huerta de mi casa, debajo de viejo árbol de mango en que – decían – su madre, una viejita con ojos rojizos encendidos, orejas puntiagudas y risa sarcástica, nos cuidaba todas las noches de los impuros, los ladrones y los gatos techeros. Termino el guión de una próxima película, mientras pienso que la marca de la bestia y la resurrección de Damián – el niño maldito – hubieran sido materias primas para despertar las pulsaciones básicas del pueblo, de la tropa que está siempre a la caza de mitos, historias, charlatanerías y verdades inventadas en las cuales creer desesperadamente (o concentraciones sobre las cuales descargar todos los miedos y fobias propias de la desopilante humanidad).
¿Más extraña que la ficción? La realidad, sin duda alguna.
Archivado en: IQT | 1 Comentario »
























Además, el poeta y periodista Renato Cisneros presentó el sábado 6 el libro “Busco Novia” (editado por el Grupo Santillana) en El Dorado Plaza Hotel. Acompañado del ilustrador Alfonso Vargas (quien horas antes dictó un taller de ilustración horas antes), fue un diálogo entre ambos personajes, los cuales contaron divertidas anécdotas sobre la elaboración del blog que dio origen al libro, que es uno de los fenómenos editoriales más importantes de los últimos tiempos en el país.







