IQT IQT (The End)

145 años después de aquél instante de júbilo para su ciudad, frente al pelotón de fusilamiento de su propia tribuna expresiva, el articulista recordó levemente el día que aquél periodista, Jaime Vásquez, le mandó un mensaje a su correo electrónico:

- Escribir una columna semanal, que salga los lunes, sobre lo que quieras, sin censura.

Eran principios del año 2004. El articulista tenía una columna que se iba agrietando en el tiempo en un semanario local. Pero anhelaba salir a navegar otros rumbos, sobre todo los de la crónica, su vicio culposo.

El columnista aceptó de inmediato la propuesta del director del diario. La primera nota, se llamó, “Bienvenidos, señores, a IQT…”

Desde entonces, por cinco años incesantes, IQT ha salido religiosamente los lunes (salvo imponderables que se cuentan con los dedos de una mano) en estas páginas. El columnista, demás está decirlo, soy yo.

El quinto aniversario coincide gratamente con el aniversario de Iquitos. Porque, demás esta decirlo, IQT fue escrito a partir de esta ciudad, destinado a esta ciudad y desarrollado por esta ciudad.

IQT fue un cielo teñido de rojos, naranjas y grises. Fue bailar explosivamente, beber un poco de ilusión, perforarse la mente con caliente alegría. Fueron lugares que no pueden caber sino en la mente de quien los recuerda. Fueron seres amarillos-verdosos que caminan sobre maltrechas aceras buscando guarecerse del sol. Fueron canciones de cumbia que corren entre autobuses, motocarros y monóxido de carbono. Fueron casas con techo de calaminas y gatos ladrones. Fue un perpetuo club de hinchas del CNI. Fueron tardes entregadas a las hamacas, maceradas por la insolación. Fue un río-mar que se aleja, inexorablemente. Fueron casas impregnadas de diversos olores: frituras, pescados y plátanos fritos y salsita de cocona. Fue pelear por hacer de esta parte del Perú un pequeño oasis de cultura, en medio de una ruma de impresentables que siguen alegrándose de la barbarización de la sociedad. Fue la lluvia, que tiene la habilidad de suspender todos los posibles planes, prolonga la espera de su culminación para proseguir con las actividades y conmina a la gente a permanecer en sus refugios.

IQT fue un mijano hirviente de fieras hambrientas y sedientas, preparadas para invadir los espacios vacíos y las iglesias abandonadas y colonizarlas. Fueron nubes azul violeta flotando en el cielo; la proyección de una reserva adiposa engorda nuestros recuerdos. Al final, después de una guerra civil disputada con paletas de caramelo, aparece en el horizonte la bandera ondeante del vencedor: un pedazo de seda sintética con la cara del Che Guevara en versión Warhol reproducida ad infinitum. “Normal people scare me”, brama la multitud. Fueron bares donde uno se sienta a conversar de cosas trascendentes, a ser receptor de paltas ajenas, a perder el tiempo en buena onda con conocidos y desconocidos. Fue la azotea del edificio de EsSalud en la Plaza de Armas, la cima sobre la cual se construye la pequeña morada de ciertas visiones. Fue una chiquilla vestida a la usanza hippie, jugando con fuego con ademán artísticos, concentrada en el tenue paisaje amazónico. Fueron los grupos de teatro, los cineastas en ciernes, los escritores editables. Fue la radio del Toyota Corolla de un pata de promoción del colegio que le ha ido mejor que a muchos por estos lares, escuchando Eurythmics: sweet dreams are made of this.

IQT fue una nueva Era esperando resplandecer, donde la gente en las calles reclame un nombre bastardo que ciertas coyunturas se los arrebataron.

IQT fue entrar a mi computadora y escribir, construir viñetas baldías, de imperfecta sintaxis, parrafadas que nada dicen y a nada conducen: historias de amor de poco precio, finales felices que apenas estoy empezando a vivir, escenas heroicas que no padecí. Fue una inundación de etiquetas de ciudades ajenas y un último autostop: Aeropuerto Internacional Francisco Secada Vignetta. Fue como la ciudad donde hemos posado nuestros, contando a nuestra descendencia la historia completa de su linaje. Quiénes son. De donde vienen. Fue, finalmente, la noche haciéndose casi día y el amanecer impactando como la primera vez nuestras pupilas, una sola familia, un solo momento, una sola idea flotando en el aire, preguntando a los demás si tienen la exacta idea de cuán afortunados son de estar aquí.

A nadie le pertenece este mundo. Todos somos extraños en esta aún más extraña tierra.

IQT fue esta columna. Pero también fue un libro, un blog, un documental, un signo distintivo. Fue un punto de encuentro. Pero hay algo que se llama hogar. Un hogar es lo más cercano al Paraíso. Aunque el Paraíso es solo una ilusión, esta columna fue una gran ilusión y fue mi casa (y de paso, la de muchos).

Cinco años después, el tiempo no se detiene nunca, aunque a veces hayas tenido el reloj equivocado en la pulsera de la mano equivocada.

IQT debe descansar. Descansar tranquilo, descansar profundamente.

¿Qué pasará después?

La verdad, no lo sé. Cuando nació, pensaba que podía ser muchas cosas. Puedo intuir lo que se vendrá. Y en ese camino hay cosas que siempre estarán en su lugar. Y las cosas que se pudieron hacer, la gente que se pudo conocer, las luchas que se pudieron emprender, jamás se hubieran emprendido sin la extraordinaria tolerancia y generosidad de Jaime y del Potrillo Carrillo, los que creyeron desde el principio en IQT, los que le dieron cabida, los que respondieron por sus excesos y por su espíritu chusco e impredecible por naturaleza.

No creo que la muerte sea un estado absoluto. La vida es una reencarnación permanente, un karma de espíritus. Por eso no siento temor de acabar un ciclo. Porque inmediatamente empezaremos otro, desde estas mismas páginas, que oportunamente será anunciado por el director y el editor. Precisamente nuestras existencias son como elipsis incesantes. La idea siempre ha sido ser uno mismo. Y, claro, sobrevivir en el intento. Aunque no sea entero, pero vivo.

IQT es una voz y esa voz no se calla. Se mantiene incólume, como buscando decirnos despacito al oído, que adónde vayamos o suframos, ese susurro, ese grito, ese espectáculo estentóreo vivirá joven, adolescente. Eso ya no tendrá que ver conmigo, sino con la voz que muchos, muchísimos, han contribuido a modular. Al fin y al cabo, la posibilidad de dar vida para seguir creando vida no solo es el único crimen válido, sino el crimen perfecto, el redentor.

145 años después, Iquitos está empezando a tomar otro panorama. Tengo mucha esperanza.

5 años después, IQT es algo más que la columna de un diario. Es el testimonio de fe en una ciudad que siempre se empeña en sorprenderme, para bien o para mal.

Hay que sentir profundamente esta isla. Hay que sentir intensamente a IQT.

Hay que aterrizar. Es hora de encallar, finalmente.

Aquí nos quedamos.

Estoy seguro que nos volveremos a encontrar. Quiero creer que así será.

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  • 6 Responses to “IQT IQT (The End)”

    1. 1
      Vanessa Says:

      mi chusco cochambroso,malaspectoso que gusto me da saber de ti mi alainchi, espero te encuentres bien belleza, estan cheveres tus artículos sigue asi como siempre, mucha suerte alain.besitos

    2. 2
      Oinigi Says:

      Oye Paquito, se puede saber ¿quién te ha dado vacaciones? Que yo sepa no te las he dado. Ja, ja, ja. Asi que es tu obligación publicar tus artículos todos los lunes, hoy 12/01/2009 entré y no vi nada nuevo bajo el sol. grrrrrrrrrrrrrrrr. Asi que espero leer algo nuevo el próximo lunes y sino es así, te haré un hara kiri, haber si así escribes. A seguir adelante ¡¡¡ehhh!!!

    3. 3
      camisa blanca Says:

      Ptm se nota que estos ones que escriben, no leen tus articulos, si no lo que deberian decirte es que IQT, ha sido una los articulos semanales mas alucinantes que han salido en la prensa escrita loretana, y digo alucinante por la forma de describir e inventar historias.
      Va hacer una pena ya no poder leer tus articulos como IQT, pero estoy seguro que tu nueva aventura sera tan igual o mejor que la columna que presentaste estos ultimos 5 años.

      Esperare con ansias vuestra nueva experiencia escrita.

    4. 4
      LuCros Says:

      Qué pasó, promoción???
      Hace ya un mes que no me entretienes!

      Protesto!

    5. 5
      Carlos Humberto Says:

      Hola!
      ahora este diario pierde uno de sus más notables representantes, un redactor típico loretano, folclórico, genuino exponente de esa huachafería loretana mal llamada periodismo escrito,pero que entretenía con sus crónicas inintelegibles y generalmente mal redactadas que, por lo mismo, y por ser el autor osado, al final, causaba curiosidad leerlas y daban cierta gracia.Para que este diario continue con ese sello particular, seria bueno colocar otro redactor de igual característica al que se fue y que en Iquitos abundan por montones, es fácil encontrar uno por ahí,principalmente en el círculo de periodistas.

    6. 6
      amado Says:

      la verdad deja tristeza tu aucencia , espero volver a leer nuevamente tus escritos pronto, en este o en otro medio , solo pido a jaime publicar donde te encuentro.

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