La celebracion del libro

En el aciago viaje de los desterrados hacia las ciudades italianas, el pavoroso fuego suprimió el escaso avance del libro en el suelo amazónico. Era el tiempo colonial y en el perdido pueblo de San Pablo el jesuita Francisco de Aguilar, para congraciarse con los que habían decretado el exilio de los hijos de Ignacio de Loyola, ordenó la bárbara quema de los libros, compendios, relaciones, informes, folletos y hasta escritos recientes de los miembros de la orden que comandaba. En las llamas al borde del río y cerca al monte se suprimió algo más, un trozo de la historia regional vista a través del ojo misionero. Los no siempre seguros datos de la memoria sirvieron luego para reconstruir esa parte del pasado.

La denigrante censura, gracias a una decisión real, también conspiró contra la difusión del libro. Las escasas bibliotecas de las misiones albergaron al libro como un artículo prohibido, que sólo podían consumir unos pocos. El libro todavía no arriba al consumo normal y natural de nuestras gentes. Es algo extraño, misterioso. El incendio colonial perdura con sus llamas que todavía no se apagan ni extinguen. En esas cenizas navegan el analfabetismo histórico, el analfabetismo funcional, el desprecio al libro, las escasas campañas de lecturas que sólo son saludos a la bandera. Entre nosotros, las pocas y contadas ferias de libro buscan revertir esa debacle que viene del pasado, mientras en otras partes del mundo el libro se ha convertido en el personaje central.

La Semana del Libro, evento organizado por Tierra Nueva Editores, no cree ni en incendios ni en censuras. Este setiembre de del 2OO8 ha arribado a su quinta versión. Su crecimiento ha sido vertiginoso. En su haber, en su historia, hay verdaderos logros, auténticas hazañas, como la traída de exponentes renombrados de las artes y las letras, la publicación preferente de autores amazónicas, la conexión de la periferia con el centro con la presencia de autores de la capital que vienen a dejar sus conocimientos entre nosotros y la búsqueda de nuevos mercados.

 

En su quinta versión la Semana del Libro batió su propio desafío de ediciones al publicar de un solo golpe a 5 autores, 4 de la región y uno de la capital. Además, fueron presentados varios libros impresos en la capital por prestigiosas editoriales. En ese sentido, la feria organizado por Tierra Nueva fue una auténtica celebración del libro como objeto de culto, como artículo de consumo. Eso no fue todo. Como para graficar el crecimiento de la editora, entre las presentaciones de libros, las conferencias, los talleres, fue estrenado el documental Amazónico soy, dirigido por el periodista José María Salcedo y que tuvo como productor a Jaime Vásquez Valcárcel.




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