Salvo el rating todo es ilusión

ESCRIBE: Jaime Vásquez Valcárcel

Salvo al primer lugar todo es ilusión. Salvo el rating todo es efímero. Este articulista sólo puede atinar a esbozar una sonrisa cuando escucha las acusaciones mutuas, las santidades autoproclamadas y las hipocresías reiteradas que motiva la guerra que trimestralmente disputan las principales emisoras loretanas. Esa guerra radial no se observa –en fondo y forma- ni en los medios capitalinos.

Hablar sobre las acusaciones que pesan sobre la empresa que realiza el estudio de sintonía en Iquitos es caer en la reiteración. Para nadie es un secreto –aquellos que consideran que han descubierto la pólvora porque han visto que emisoras y encuestadora coordinan algunas acciones sólo pecan de ingenuos en un ambiente donde todo se compra y todo se vende- que los programadores y administradores de emisoras son avisados para comenzar la campaña de “regalos” justo cuando comienza el estudio de sintonía. Todas las emisoras que aceptan el juego del “rating” conocen del sistema y –siempre en privado- afirman que para aparecer en la lista de emisoras preferidas no sólo hay que contratar el servicio sino esmerarse en aparecer como la número uno. A mí que no me vengan con cuentos aquellos denunciantes de hoy que ayer se callaban en todos los tonos porque habían asegurado el primer puesto.

Está bien que cada periodista quiera tener la preferencia de la población y cuando lo consigue se esmere en mantenerse en ese nivel. En ese intento si la preferencia es producto de un trabajo profesional que ponga por delante el beneficio de los oyentes no hay más que felicitar por el logro. Pero lo que hoy se escucha es un total desprecio por los oyentes en nombre precisamente de ellos. Disputarse la sintonía y, por ende, la preferencia del público se ha convertido en una batalla por vociferar quién regala más, aunque esos obsequios en verdad sean una bofetada a la dignidad de los oyentes. Esta batalla incoherente y chabacana ha convertido a los oyentes en sujetos que están a la espera del kilito de arroz para decir qué radio escuchan en un momento y a los pocos minutos decir lo mismo ante los micrófonos de la competencia. Total, no importa la calidad de la información y el nivel de entretenimiento que se oferte sino la bulla que se haga por esos obsequios que -en el colmo de la perversión hacia el oyente- no tienen como objetivo beneficiar a quien lo recibe sino utilizarlos para aparecer como líderes de una sintonía que no se merecen.

Este articulista ha visto cómo se eleva el egocentrismo de por lo menos una docena de periodistas que en un determinado momento se creían dueños de la sintonía y cómo hoy tienen que admitir que cualquier tiempo (de medición) pasado fue mejor. La sintonía no es el fin de los medios aunque, claro, ayude a conseguir los fines periodísticos. Lo malo es que con tanta competencia y el apuro de la primicia los conductores de noticieros no se detienen a pensar en las prioridades ciudadanas sino en las urgencias de sus propias necesidades.




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