Las Actas Diurnas son consideradas como las primeras emisiones del periodismo escrito en el mundo. En tiempos del predominio de Roma eran como pequeños murales expuestos a la vista del público. Eran tablillas de madera donde figuraban las novedades del momento. Esas noticias tenían que ver de todas maneras con las razones e intereses de un pequeño grupo. Es decir, era el momento de la información interesada, comprometida, vinculada a un interés parcial: el poder. Ese poder no ha dejado de estar presente a lo largo y ancho de toda la historia del periodismo escrito en la tierra. En la actualidad, ese poder conserva su capacidad de maniobra, de incidencia y hasta de veto en la existencia del más noble de los oficios, pervirtiéndole con la presión del indispensable financiamiento.
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Fernando del Aguila, Gregoire Ross, Bill Jarama, Jorge Carrillo, Jaime Vasquez, Monica Morales, Paco Bardales, Guillermo Flores y Walter Ramires, todos ellos en algun momento - y todavia- formaron parte del proyecto Pro & Contra.
En Iquitos el periodismo imitó a las Actas Diurnas romanas. En la medida en que el primer medio escrito no obedeció al interés empresarial, al esfuerzo privado, a la urgencia de un colectivo de lectores por mantener la noticia y la información. Fue gasto del poder edil. Desde las poltronas de ese poder el Boletín municipal nació con todos los gastos pagados y con una clara orientación tendiente a resaltar los logros, las virtudes, las hazañas de la administración edil de ese entonces. Ese inicio marca al periodismo que vino después. En la medida en que convirtió al poder en la principal fuente de financiamiento. Así es hoy todavía.
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Jorge Carrillo, Said Jarama, Angel Vasquez, Darwin Paniagua, Bill Jarama(parados). Percy Pereira, Jaime Vasquez y Edgar Gongora (sentados). Un equipo que prevalece dentro y fuera de las canchas.
La influencia del poder en la salida de un nuevo medio escrito marcó con fuego a las ediciones posteriores y generó uno de los más graves males que no cesan de bloquear ese periodismo: la brevedad. Fugaces, momentáneos, esos medios son legión y forman un sepulcro de ediciones efímeras, de papeles extraviados, que no lograron huir de la fatalidad de la falta de financiamiento. Condenados a una vida fugaz nos privan ahora de tener una visión más amplia de nuestra realidad. Desde luego, la brevedad no es un estorbo para dejar huella, para marcar época. El caso del recordado Benjamín Saldaña es ilustrativo. La histórica denuncia contra el poder del cauchero Julio C. Arana y sus gerentes del crimen lo hizo desde las modestas y precarias redacciones de La Sanción y La Felpa. Ambas ediciones eran absolutamente artesanales, pero jugaron un papel muy importante en el intento de buscar justicia para las víctimas de un vergonzante genocidio. La existencia efímera es un mal contagioso. Pocos medios escaparon de esa desdicha. La Razón, El Eco y El Oriente son líderes de la duración del periodismo escrito, ejemplos de permanencia.
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