El Poeta en Arequipa

Lo mejor –me dice el poeta– es que mañana a esta misma hora estaré yendo donde Lucho. No falto Héctor, que ya, a todo puedo faltar, menos a una cita con Lucho. Pero acaso estás enfermo Poeta –le respondo con ironía-. ¡Qué es!, me dice, con ese tono charapa inconfundible. Acaso un enfermo debe ir donde el chamán, es al revés. Claro pues Héctor, responde con la seguridad del solitario feliz al final de la tarde. El poeta termina su cola escocesa y mira la hora en el reloj del terminal terrestre. Son las tres y cuarenta. Ya falta poco para irme, dice, mirando el bus cama que, imponente, está frente a él. Aunque quisiera quedarme un mes para conocer bien Arequipa, en un día no se puede hacer mucho. Pero dile eso a tu editor “pe” poeta. Si no, que me manden el dinero para que yo viva escribiendo y se ríe cuando sale por un costado el humo por su boca afilada. Ahora el humo y él devanea con sorna.

Poeta, esta gaseosa es arequipeña ah, le digo para que no pase desapercibido el color morado y la forma austera de su envase. Oye, pero más me gustó ese americano que almorzamos en la picantería, El Yaraví le completó. Eso, me dice. Nooo hermano tengo que conocer más esta ciudad, me dice, sobre todo a sus mujeres y lanza nuevamente el humo como si supiera que esta broma debe ser celebrada por todos los que escuchan al costado.

El poeta ha recorrido media Arequipa, parece que lo que más ha disfrutado es la soledad en una ciudad ajena. Se ha reído del río que no quiere morir entre unas piedras, un río al que dice le va escribir un poema porque un charco no puede darse el lujo de llevar el nombre de río. No jodas, esto no puede ser un río. Más grande es la quebrada de la Túpac donde vivo. Eso sí, el café (ese, el de los Valenzuela, si el de la Chichi le recordaba), le gustó, de hecho casi pierde la presentación por no querer despegarse de un último expreso.

Fue feliz el poeta, al menos eso creo. Por mi parte quise dejar en claro ante los periodistas y poetas de por acá que se trata de Percy Vilchez Vela, uno de los actuales mayores representantes de las letras amazónicas, aunque el más tarde me corrija con su, “no jodas Héctor”. Se completa la charla con Jorge Coaguila, que ya atesora entre sus mejores propósitos la Semana del Libro de Tierra Nueva. “No puedo esperar”, tranquilo, le digo. El poeta escucha y observa a la derecha, está con ganas de un café. Habla en serio poeta, te gustó el trajín. Que no va ser, dice, mientras mira de reojo el reloj de la pared.

El poeta ha dicho entre líneas que escribir es la única manera de poder vivir y, aunque en las entrevistas, tiene que adornar esto con el hecho de que la poesía es fatal para los que la cultivan –no es agua, diría–. Se trata de una afirmación de su existencia, por eso el sólo hecho de haber conocido una parte de Arequipa en 36 horas e incorporar su forma de vida, comida, bebida, gentes, olores, sillares, congestión, contaminación, mujeres, poetas, entrevistas, periodistas, más olores, amigos, cerveza, calles angostas, calles peligrosas, ron, más entrevistas y más olores a su existencia significa un avance para una mirada más amplia del poeta -por excelencia- de la Amazonía. Buen viaje poeta, acá te espero.



Percy Vílchez tuvo gran presentación en Arequipa

Tierra Nueva destaca en la Ciudad Blanca. El poeta loretano Percy Vílchez Vela tuvo una magistral presentación en el auditorio de la Municipalidad Provincial de Arequipa de su última obra “Los Dueños de astros ajenos” al que tildó de un documento no oficial para conocer la historia de los pueblos amazónicos en su encuentro con la cultura occidental. Esta presentación fue compartida también con el escritor Jorge Coaguila que se sumó con su última obra “Ribeyro: La Palabra Inmortal” ambas editadas por Tierra Nueva. El encuentro fue muy significativo puesto que la Asociación de Poetas Latinoamericanos – Arequipa (ASOLAPO) a través de su presidenta la poetiza, Melina Gamarra, homenajeó al vate loretano. Antes, el poeta arequipeño, Luzgardo Medina Egoavil, realizó el comentario de “Los astros ajenos” reseñando la esforzada labor de construcción de la obra la cual, dijo, tuvo que ser sometida a un intenso trabajo de cotejo que abre otros rumbos en el trabajo de Percy Vílchez a quien agradeció a nombre de la Municipalidad por haber presentado su obra en la denominada Ciudad Blanca.

Jorge Coaguila y Ribeyro. Inicialmente la catedrática universitaria, escritora y ensayista, Rosa Núñez Manchego, comentó la obra “Ribeyro: La Palabra Inmortal” y dijo que inmediatamente aceptó gratamente esta designación por la calidad de las entrevistas y lo inédito del famoso autor de “La Palabra del Mudo”. Por su parte Coaguila resaltó extensamente la calidad de vida y de escritura de Ribeyro y su proceso de hacer literatura inmortal en el Perú. Tierra Nueva editores por su parte lanzó la propuesta de editar a un autor o antología de autores arequipeños para su respectiva presentación, hecho que fue tomado con entusiasmo por los poetas presentes. Al final el poeta loretano brindó declaraciones a los medios de comunicación que asistieron masivamente al encuentro con uno de los mayores representantes de la escritura amazónica.

Datos

El poeta visitó las principales calles y monumentos arquitectónicos de la ciudad Blanca, la campiña de la ciudad y degustó de la comida típica tradicional en los distritos de Yanahuara, Sachaca y Paucarpata.

LA DESLAVAZADA MEMORIA (II)

¿AMNESIA, OMISIÓN U OLVIDO?

Por Miguel Donayre Pinedo.

De acuerdo con el testimonio del magistrado de la tremenda Corte Superior de Loreto, Carlos Valcárcel, la denuncia de Benjamín Saldaña y el proceso judicial contra los propietarios de la empresa cauchera donde ocurrieron estos hechos polarizó la ciudad. Se abrieron dos frentes, entre los que estaban de acuerdo con las denuncias de Saldaña de un lado y del otro lado, a favor de los propietarios caucheros. Recordemos que estos últimos tenían mucha influencia, fueron congresistas y tenían diputados- testaferros en el hemiciclo. Es decir, todo estaba atado y bien atado. Es más en la ciudad ante las denuncias y el proceso judicial se promovían marchas masivas a favor y en contra, era un guirigay porteño.

Amén de lo que sucedía en las calles, se cuenta que al interior del recinto judicial los litigantes guardaban en sus casas los expedientes judiciales contra ellos, jueces y acusados dándose buenas comilonas en restaurantes de la ciudad, se difundían octavillas contra el juez de la causa entre otras anécdotas dignas de la historia forense del puerto de Iquitos que por supuesto, se olvida.

Es interesante observar el recorrido de estas dos posiciones frente a los crímenes del Putumayo. Lo sucedido contra la vida de indios Huitoto, Bora, Secoya en la historia peruana es un puntito rojo que cada vez pasa desapercibido en el relato oficial. Es la misma actitud que ha tenido el Estado peruano como en la Conferencia de Patzcuaró en 1940, omisión, olvido, querer pasar página más rápido que pronto.

En el espacio público y oficial este hecho es una anécdota dentro de la forja y creación del Estado peruano. Es más, esos caucheros son ensalzados como peruanos de pro, que guardaban con celo las fronteras ante el invasor colombiano. Los indios eran personas que frenaban todo desarrollo y la modernidad, que no valían nada y que estaban al servicio del bienestar del país al explotar el oro blanco o la goma sin importar sus vidas.

Recuerdo con horror que hace unos años el titular de un diario local que resaltaba a muchos caucheros que llegaron a ser Alcaldes como los hombres que fraguaron la patria en este punto del país. Es así que la tesis de la denuncia contra estos atropellos a estas personas en seria indefensión no triunfó, fue arrinconada porque no convenía a los intereses nacionales. Recordemos que uno de los Ministros Exteriores de Perú en esa época fue un preclaro historiador.

Los que tratan que su historia y memoria prevalezca sobre la otra se esfuerzan para que en el espacio público esto quede bien claro. Cierta vez me quedé desangelado luego de treinta años de democracia en España, en la ciudad de Santander, el Caudillo Franco todavía tiene su estatua, cagada por pájaros en cierto, está en una de las plazas principales de la ciudad. Es la memoria que prevaleció después de la fraticida y sangrienta guerra civil española.

Ese mismo sentimiento encontrado y de desconcierto se llevará quien haya leído la historia de los crímenes del Putumayo y al caminar por la ciudad observe que todavía se conserva la calle con el nombre de uno de los acusados de esos crímenes. “Así es la selva”, diría un huachafo resignado.

Peruanidad en Argentina

Percy Zamora Perea es un loretano que radica en Tucumán, Argentina. Junto a otros compatriotas recordó la fiesta de la Independencia y participó en una hermosa ceremonia de izamiento del Pabellón Nacional y se entonó el Himno Nacional del Perú. Percy indica que muy pronto estará en Iquitos para ejercer como médico en la especialidad de dermatólogo.

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