El periodismo en Pro & Contra

 


Guillermo Flores Arrue, formo parte de los columnistas desde el segundo numero del diario. Se entusiasmo con el proyecto desde el principio. El gordo nos dejos pero tenemos la satisfaccion de haber publicado hasta dos libros de su autoria.

Los tres medios citados lograron evadir el fin prematuro porque se convirtieron en poder. En un poder aparte del poder establecido. Esos medios alcanzaron una cierta independencia debido a que se dotaron de una infraestructura de edición, a que se abrieron a otros rubros de financiamiento, sin renunciar a los aportes oficiales, pero no dependiendo única y exclusivamente de ese dinero.

 


Ana Varela. Proximamente publicaremos un poemario de tan destacada artista.

 


Miguel Donayre, quien desde España nos da una mirada semanal a la coyuntura.

Entonces se convirtieron en algo más que medios impresos o escritos. En las campañas electorales podían apoyar públicamente a un candidato, en los grandes temas de la ciudad de antaño participaban con voz y voto, en las concurridas celebraciones estaban presentes con sus fiestas, sus reinas. El colmo de ese poder ocurrió en 1926 cuando los tres medios se unieron para convocar a un ardoroso mitin en la Plaza 28 de Julio. El motivo era apoyar la enmienda constitucional para la reelección del nefasto Augusto B. Leguía. La cita fue concurrida, enfervorizada. Los directores de dichos medios fueron los oradores principales. El disparo fue certero y el varón del Oncenio fue elegido mandatario de este país.

 

Oraldo Reategui.

Años después, cuando Leguía suscribió el entreguismo de Leticia, el señor Enrique Reátegui Alvarez, director de El Eco debió lamentar la participación de su diario en la iniciativa placera. Lo lamentó para siempre y para descargar su frustración o su rencor escribió un encendido editorial contra esa vergüenza.

 

Manuel Rosas.

Hercilia del Aguila.

Las quemantes frases no gustaron al gobierno de ese tiempo. Entonces el Prefecto de Loreto, Temístocles Molina, le ordenó cambiar el contenido del editorial. Le ordenó que se retractara, que dijera lo contrario de lo que pensaba o sentía. Pero el periodista se negó terminantemente a aceptar semejante cosa. Esa grandeza le costó la cárcel. Pero el autoritario Prefecto, más tarde, tuvo peor suerte: fue apresado por la turba enardecida, arrastrado por las calles y enviado en un incierto viaje en la nave Cahuapanas.

 

Leo Alvan refresco las paginas con su seccion dedicada al mundo social y los terminos -como “no puedo soportar eso” o “bytez” - aun se ercuerdan en la redaccion.

Gustavo Vasquez esporadicamente publica articulos y su pluma siempre lucida se deja extrañar.

En las calcinantes calles de la plaza de Iquitos apareció el 30 de junio de 1992 un semanario de formato mediano, en blanco y negro, de nombre Pro & contra. El director era un joven e impetuoso periodista que había hecho estudios académicos del oficio, Jaime Vásquez Valcárcel. En la apariencia inicial nada distinguía a la flamante criatura, ni le auspiciaba un destino mejor que a tantas publicaciones que aparecieron en un momento y desaparecieron poco después. Pero allí estaba, titubeante todavía, temeroso en su estreno, el medio escrito que iba a vencer la tradición de lo fugaz, el régimen de lo repentino. El diario logró escapar de esa condena, consiguió vencer al sepulcro, y ello entre nosotros es un logro enorme, una conquista esencial.

 

Orlando Lopez Lando, tambien colaboro con sus landadas que no son otra cosa que sus caricaturas.

El medico ginecologo Javier Vasquez nos entretenia e impartia conocimientos sobre salud. Añoramos su retorno a las paginas de este diario. Reeditamos libro sobre su especialidad y ya esta en preparacion la tercera edicion.

El novísimo medio escrito ganó pronto la atención del público, se ubicó en un lugar de expectativa, porque desde el comienzo trató de resolver la antigua invasión del poder en el oficio. Para alcanzar eficacia separó la publicidad de la información. No renunció a consignar en sus páginas la propaganda estatal, el avisaje oficial. Pero tampoco renunció a su derecho de emitir opinión, a establecer la denuncia correspondiente. Ese hecho trascendental en cualquier instante de la historia del periodismo nuestro es importante, es decisivo. Porque se sitúa en la margen contraria de las verdades emitidas desde las poltronas del poder, porque automáticamente opta por la versión del otro, de la víctima. Entonces conocidos personajes de la política, de la administración pública, del mundo de las finanzas, hasta de la cultura, ocuparon sendas portadas, como ubicados frente a una vigilante lupa. Los titulares y las crónicas adoptaron un estilo desenfadado, irónico. Una saludable inquisición periodística apareció en la ciudad donde es muy difícil encontrar una campaña contra la autoridad de turno, contra los desmanes de algún encumbrado. La reacción de los involucrados fue inmediata, visceral, como de aquel que dijo, públicamente, que el semanario cobraba por publicar las noticias.

En la batalla desatada contra el caciquismo de todo tipo y pelaje ocurrió una importante victoria. Sucedió cuando un alcalde despistado, secundado por un intelectual que cambia de camiseta con facilidad y que sirve a todos los gobiernos, pretendió alterar la fecha de fundación de la ciudad de Iquitos. Los interesados no esgrimían argumentos contundentes, noticias fundamentales, fechas cruciales. Decían vaguedades sobre tal hecho, sobre la presencia de tal fulano. Ante esa lamentable situación, Pro & contra se opuso a la manipulación, argumentando con hechos históricos. Después de la edición de las crónicas correspondientes, hubo un debate público en el canal estatal. Al final de esa aventura, donde no faltaron intrigas y ofensas, el pretendido cambio quedó en nada. Ese afortunado episodio inicial, el de cuestionar la intromisión del poder en los asuntos de la noticia y la información, de oponerse a las burradas públicas de quien quiera que fuera, sigue siendo un norte en el diario.

En la historia del periodismo iquiteño o amazónico es difícil encontrar una opción cultural definida. En la década de los años 40 del siglo pasado hay una efervescencia poética inédita que no se repitió más. Ocurrió cuando aparecieron los satíricos repentistas, los escribas burlescos, las plumas del escarnio y de la sorna. En esa época los diarios acogieron en sus páginas los poemas frescos, cotidianos, que tenían que ver con los hechos recientes, con los desaciertos evidentes, con las metidas de pata del momento. Esa poesía de circunstancia conquistó la atención del lector. Ese momento se acabó y nada queda de ello, salvo poemas publicados que nunca alcanzaron el libro. Las ediciones culturales, los suplementos de las letras y las artes son escasos. En toda la historia hay una sola excepción. La generación del Grupo Trocha, bajo el comando de Francisco Izquierdo Ríos, publicó una revista con las limitaciones de edición de ese tiempo. El contenido oscilaba entre los temas educativos y los temas culturales, con incidencia en la mitología, el folclor y la poesía para niños. No logró permanecer mucho tiempo. Se acabó cuando Izquierdo Ríos fue cambiado de lugar. Después, salvo una que otra publicación efímera, la cultura no apareció con el periódico. De antemano es imposible imaginar que un medio escrito propicie la edición de libros.

En el terreno cultural, en ese patio trasero de nuestra vida provinciana, es donde Pro & contra ha encontrado su destino personal, su norte propio. Es probablemente su mayor acierto en estos quince años el haber diseñado un circuito cultural que incluye el apoyo a las manifestaciones artísticas que ocurren en la ciudad, la edición de revistas culturales y la edición de libros de autores locales, nacionales e internacionales. La campaña no sólo llena un vacío sino que apuesta por una urbe cultural que está en el porvenir como decimos en el editorial de este número.

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