¿EXISTE PARLAMENTO?

Por Miguel Donayre Pinedo.

El descrédito del Parlamento nacional se debe a los mismos parlamentarios y, al mismo tiempo, al modo intrínsicamente autoritario que tenemos peruanos y peruanas dentro de nuestras carnes. Lo cultivamos desde que vamos al colegio, entre amigos, en la vida social y profesional. No podemos domesticar a ese animal herido y moribundo usando una metáfora de Philip Roth, brillante escritor norteamericano. No podemos con ese rezago del aquí mando yo. Nuestras cartas democráticas de acreditación es que vivimos una democracia de mínimos y de baja o escasa intensidad.

Una de las debilidades del sistema parlamentario latinoamericano es la institución denominada “delegación de facultades legislativas”, a través del cual el Parlamento otorga dentro de un determinado tiempo las facultades de legislar al Poder Ejecutivo. Es decir, renuncia a su condición de ser. Esta cesión de facultades, hablando en oro, nunca funcionó. Siempre hubo excesos. Recordemos el “paquete legislativo” de Belaúnde y así sucesivamente en los siguientes períodos presidenciales.

Pero, los peruanos somos duros de roer a pesar de sufrir una dura experiencia de violencia política que socavó el régimen de la democracia nominal y de costras oligárquicas, seguimos en lo mismo dando la espalda a la sociedad que necesita urgentemente dosis de democracia material que se graficaría en la discusión y trámite parlamentario en la formulación de leyes. El funcionamiento del sistema parlamentario también es pedagogía cívica.

Pero, no aprendemos de esas dolorosas experiencias, somos tercos como una mula. Necios. Insistimos en lo mismo hasta que reviente. Torpes a más no poder es que tener al animal autoritario hace una difícil convivencia, es muy ardua tarea domesticarlo, civilizarlo. Es una conciencia o falsa conciencia que permanentemente está juzgando nuestros actos seamos hombres o mujeres si mostramos la más leve debilidad inmediatamente emerge a defender sus linderos y territorios. Es parte de nuestra indeleble huella digital.

Casi a diario me llegan las sumillas legales del diario oficial EL PERUANO donde suelo repasar la ampulosa, dispersa, contradictoria e inabarcable legislación peruana. Es tarea difícil torear en la plaza legal peruana, digno de un demiurgo porque te puedes llevar más de una cornada.

Con sorpresa leí el boletín de normas legales del 28 de junio último, dije para mis adentros, mierda, es un viaje a ninguna parte. Ese día se publicaron cerca de cuarenta, sí cuarenta decretos legislativos, es decir, leyes. Fue un huayco o alud legislativo que difumina el marco legal existente y crea otro. Adiós seguridad jurídica. Así de un momento a otro y con la anuencia del parlamento.

Además queda claro, que el actual ministro del ambiente es un cacaseno, no le gusta la discusión y se escora por la vía autoritaria al permitir que a través de un decreto legislativo y sin discusión previa, se legisle sobre un recurso natural de gran importancia como son los bosques en la Amazonia. Así hoy de buenas a primeras tenemos una nueva ley forestal y fauna silvestre.

Me invade el pesimismo.




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