De antropólogos setenteros y otros profesionales
No quiero seguir con los demás puntos del texto de Panduro para no alargar más estos comentarios, más allá de decir que, entre mis colegas, a unos les gusta el fútbol y a otros no, pero que ni ellos ni yo conocemos a la señora de los cumbiones, que tampoco tenemos idea qué es un equipo de sonido Peavy, y que el baile con varias mujeres a la vez nos pone muy contentos y que hemos comprobado que cada vez es una práctica más común, debido al parecer al hecho de que ellas se multiplican en mayor número que nosotros.
Confieso que ha sido recién al llegar a este punto del análisis que he podido respirar con tranquilidad y decir: No soy yo ni mis colegas cercanos aquellos a los que Panduro alude en su texto. ¡Qué alivio, en verdad! Conozco a Moisés Panduro, a quien en una oportunidad, cuando dirigía el Programa Pacaya Samiria, contraté para que adecuara y avalara con su firma registrada en INRENA los planes de manejo de aguaje de dos comunidades del Marañón, cosa que cumplió de manera satisfactoria, sin que a él ni a mí se nos pasara por la cabeza estar cometiendo actos siniestros.
Para iniciar el último tramo de estas líneas, quiero ahora decir que así como no me he sentido aludido por la descripción que él ha hecho sobre los antropólogos setenteros, espero que tampoco él se sienta apuntado ahora que quiero plantear algunas consideraciones sobre los profesionales candelejones (sin especificación de especialidad ni generación, porque en ambos casos los hay de todos, amén de algunos sin profesión), que piensan que las comunidades indígenas son intrínsecamente pobres. Para decirlo con una expresión de un alto funcionario de uno de aquellos programas llamados de alivio a la pobreza, éste sí aprista: “la pobreza es una cuestión étnica”. Respecto de esto último, es oportuno citar lo que Mariátegui dice:
“La suposición de que el problema indígena es un problema étnico, se nutre del más envejecido repertorio de ideas imperialistas. El concepto de las razas inferiores sirvió al Occidente blanco para su obra de expansión y conquista. Esperar la emancipación indígena de un activo cruzamiento de la raza aborigen con inmigrantes blancos, es una ingenuidad antisociológica, concebible sólo en la mente rudimentaria de un importador de carneros merinos.”
Mariátegui analiza la situación de los indígenas a inicios del siglo XX, es decir, luego de más de 400 años de que fueran conquistados y colonizados por el poder español y el republicano, sometidos a condiciones de esclavitud disfrazada, usurpadas sus tierras y explotada su mano de obra a través del enganche, además de deteriorados su propia salud, a consecuencia del bárbaro trabajo en las minas. Tiene pues razones más que justificadas para considerar como mentes rudimentarias a quienes califican su pobreza como un problema étnico. Por otro lado, las noticias que se tienen de la situación de los indígenas andinos previa a la llegada de los invasores europeos, dan cuenta de sociedades no ricas, que es un concepto que se acuña mucho más tarde y se define en contrapunteo a pobre, pero sí de plena satisfacción de las necesidades humanas y de control de la gente sobre su propio destino.
Pero no tenemos que irnos tan lejos en la historia para encontrar pueblos indígenas que tienen resuelto el problema de las necesidades básicas, que viven en un ambiente sano y que manejan de manera inteligente las contradicciones y problemas que son propias a la vida en sociedad. Sin duda, los Secoyas del alto Putumayo se ubican dentro de esta categoría, al menos hasta ahora, cuando aún no han empezado los trabajos de Petrobrás, la empresa petrolera a la cual el Estado le ha entregado el lote 117, que se superpone con su territorio. Como éste hay otros casos, en los cuales los indígenas controlan todavía su propio sistema económico y no han sido absorbidos por una economía que no sólo les genera problemas a ellos, sino a la gran mayoría de la población urbana de todas nuestras ciudades. Por eso me resulta extraño cuando se aísla a los indígenas al hablar de pobreza, como si el problema estuviese en ellos y no más cerca de la mirada de los gobernantes, que poco conocen sobre la vida de los indígenas y se niegan a ver que la pobreza tiene que ver con la incorporación mentirosa de la gente a un sistema que la vuelve dependiente de sus normas, pero que no le ofrece fuentes de trabajo y medios de generación de bienestar.
Entonces, podemos decir que entre los indígenas encontramos gente empobrecida a consecuencia de esta integración engañosa, que además va acompañada de otros impactos. Así, por ejemplo, el propio Ministerio de Salud ha comprobado que la malaria falciparum (la mortal) y la hepatitis delta que afectan a los Candoshi del bajo Pastaza, tienen que ver con la presencia de empresas petroleras que llevaron la enfermedad a esa cuenca. Ese mismo ministerio y Produce han demostrado, respectivamente, la existencia de metales pesados en la sangre de los achuares y en el organismo de los peces del río Corrientes.
Pienso que no es necesario calificar a estos hechos de perversos, porque frente a información tan contundente los adjetivos sobran. Pienso también que una reflexión seria sobre ellos nos deberían llevar a tener en cuenta que el problema es mucho más complejo que la discusión, sobre bases figuradas, acerca de la importancia del aprendizaje del castellano para los pueblos indígenas y, claro está, de la de los cumbiones de doña Natusha.
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No conozco a Chirif, pero he leído varios de sus escritos militantes comprometidos con la amazonía y sus pobladores. En cuanto a Panduro , como intelectual es un buen aprista, ojalà que Chirif tenga compasión de él. Zapatero Panduro, a tus zapatos.
El problema en todo esto es que algunas personas creen que por ser o antropologos o ingenieros pueden decir descerebrados a los demas, señores el que sepan redactar y utilicen las palabras mejor que otros no les da derecho para envolvernos con sus tonterias,el primero echando barro a profesionales, que en todo caso tendran motivos para pensar de otra manera, para eso estudian; y el segundo para menospreciar a gente que quizas solo se basa en una ley mal elaborada, como casi todas las que se dan en lo referente a comunidades.Habia escuchado que es soberbio Alberto, no imagine cuanto
Uy el que se pica pierde Karina. Asi como Panduro publicó lo suyo, Alberto hizo lo mismo. Buen texto, como el que nos tiene acostumbrado!!