El calvario de las subdivisiones

Ahora comprendo porque tanta informalidad en el Perú. Porque los peruanos preferimos cruzarnos las vallas de la burocracia para construir, vivir o simplemente poseer de manera fáctica un inmueble. Adquirir un bien, sanearlo de acuerdo a los procesos e instituciones paralelas quehacer de todo y nada a la vez es lo más difícil que puede pasarle a un peruano, ni siquiera morir es tan penoso como soportar un trámite como sub dividir un terreno, por ejemplo. Hace unos meses empecé tramites en la municipalidad para sub dividir un terreno (Que en buen romance significa realizar unos planos que verifique lo que el notario ya constató legalmente, es decir, haber adquirido una propiedad con un determinado metraje). Esta constatación no sólo implica el movimiento del personal del municipio para verificar el bien y que se trate del documento que habla el notario, sino una formulación de papeles tras papeles y de más de una decena de requisitos, que lo único que hacen de manera real es confirmar lo que ya dice un documento de compra y venta notarial.

Muchos de estos trámites se multiplican por capricho de la norma nacional a la que se suma el capricho del TUPA municipal. Funcionarios con poco tino que ponen candados y obstáculos a procesos que en países inteligentes no deberían demorar más de una semana. Por eso la informalidad campea, así lo confirmó Hernándo De Soto en “El Misterio del Capital” que en cifras comparativas realizaba un estudio simple pero certero del por qué los peruanos pobres no están capitalizados en los papeles pero si lo están - y seguramente mucho - en la vida real y práctica.

Alguna vez un amigo ingeniero me dio una explicación antropológica del porque en la selva el predio era tan relativo y superfluo como no lo es en otros lugares. Sustentó su tesis precisando que el nomadismo de los amazónicos se debe a una estructura de la formación de sus ciudades y pueblos en general. En la selva todo cambia, los pueblos (lo dice Sangama de Hernández) aparecen y desaparecen por arte y magia de los ríos y de la fragilidad de sus suelos, entonces el poblador no toma un valor exacto de su territorio para convertirse en sedentario del mismo, sino, entendía, que ese territorio suyo no dejaba de serlo por el hecho de ser destruido por la naturaleza y lo condicionaba a poseer poco valor por él, por eso, una vivienda en resumidas cuentas, no era el fin supremo de su vida, menos su “formalización” y “titulación”, de ahí se justificaba también las invasiones y las precarias viviendas de gente tan importante.

Puede ser. Pero a este dilema se ha sumado - y yo diría con maldad y alevosía - los organismos del estado que por encriptarse en sus salvaciones legales con otras de otros ministerios ponen unos candados impasables para que cualquier ciudadano se formalice y viva dentro de los instrumentos legales que le permita capitalizarse. Una subdivisión puede llevar meses de calvario de amontonar papeles inútiles que sólo avarician más a los funcionarios que han aprendido a defenderlos porque significa su “cachuelo” dentro del Estado, porque además son los únicos “sabiondos” del tema ingresan los condimentos de la corrupción. (Tema de otro capítulo) Han pasado meses y los papeles que presenté están prescribiendo. Porque para colmo tienen que ser demasiados actuales. Si es para darle la razón a la informalidad y mandar al carajo al Estado.

Lea www.federicoabril.blogspot.com




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