DE ESFUERZOS Y FANTASIAS
Moisés Panduro Coral.
La casa de mi tío Moisés en la sexta cuadra de la calle Bolognesi tenía piso de cemento pulido. A las dos de la tarde, hora de un intenso calor, el piso era el lugar más fresco de la casa. En esa frescura se acomodaban mi tía, mis primas y la enamorada de mi primo, para escuchar con atención la radionovela que, después del almuerzo, propalaba una emisora local. Después del almuerzo, el amoblado equipo Telefunken -la novedad del momento- se prendía y se levantaba el volumen en sonido estéreo. Entonces todo quedaba en silencio, se oía la cortina musical de la telenovela, empezaban a vibrar las voces en los parlantes de la radio, y a los pocos minutos, el piso de la casa pasaba de fresco a mojado como consecuencia de las lágrimas de las radioyentes que caían copiosamente al suelo cuando los ‘malos’ y las ‘malas’ hacían pasar todo tipo de infortunios y desventuras a la ‘buena’ y a su galán.
Mi amiga Ángela, brasileña ella, y por lo tanto con autoridad para hablar de novelas por el éxito de su país en este producto de exportación, me decía, mientras le acompañábamos al aeropuerto, que para que una novela goce de popularidad y tenga éxito, debe tener tres componentes básicos: primero: un conjunto de personas y circunstancias ‘malas’ que hagan sufrir mucho a la ‘buena’; segundo: una ‘buena’ y su entorno que sufra mucho, muchísimo por las desgracias que le hacen pasar las ‘malas’ y los ‘malos’; y tercero: un final feliz que compense a la ‘buena’ todos sus sufrimientos y que, por supuesto, deje satisfechas a las noveleras y… a los noveleros.
Y efectivamente así es. En una telenovela, por ejemplo, una ‘pobrecita’ limpia carros y vende caramelos en las calles, hasta que de repente ¡zas! se aparece un tipo piedrón y rico (de plata), con quien la ‘sufrida’ pasa muchos avatares para, finalmente, ¡oh! divina providencia, terminar frente al cura diciendo sí a su ‘adorado’. En otra telenovela, una guapa ‘invalidita’, luego de pasar humillaciones, encuentra a su ‘príncipe’ que, ¡oh! feliz coincidencia, es ‘médico’, y por si fuera poco, ‘especialista’ en su dolencia, quien le opera gratis de su cojera, y luego se lo lleva al altar a comer perdices. No falta la ‘sufridita’ que pasa de todo: le meten a la cárcel, después se vuelve loquita, le internan en el hospital que, ¡ay fatalidad!, se incendia con ella adentro. El suplicio continúa: pierde la vista y la memoria y pasa ¡huaaaa! a la condición de desaparecida. El calvario termina cuando le pasa la amnesia y se encuentra, ¡por pura casualidad!, con el ‘jovencito’ que termina llevándole, ya saben a donde.
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Eso asi debe ser, las chicas esperando al principe azul de los sueños.. pero como dice usted señor moisés esperando pero no quedarnos como penelopes debemos tener otros sueños una buena profesion, ser independientes, trabajar por los que necesitan y sufren hambre y sed de justicia…por la patria.