Y no podrán matarlo
ESCRIBE: Jaime Vásquez Valcárcel.
No acababa de disfrutar del discurso extraordinario del poeta Juan Gelman -cuya biografía es toda una enciclopedia de consecuencia que algunos poetas loretanos deberían conocer cuando no imitar- al recibir el premio Cervantes cuando escucho a través de RPP la noticia que Alejandro Romualdo Valle -aquel del entrañable canto coral a Túpac Amaru (”Le sacarán los sueños y los ojos./Querrán descuartizarlo grito a grito./Lo escupirán. Y a golpe de matanza, lo clavarán: ¡y no podrán matarlo!”) y otras joyas más- ha muero tirado en la calle. Sus versos fueron leídos por Raúl Vargas Vega al iniciarse la mañana y lejos de consternarse por la muerte uno siente las ganas de dar vivas interminables a la poesía. Un par de entrevistas más a familiares y críticos literarios nos coloca ante uno de los poetas mejor dotados y, para variar, olvidados de la patria. Ese mismo día en Internet y al día siguiente en los medios de comunicación la figura de Alejandro Romualdo crece y nos demuestra que la cultura es la eterna olvidada y entre ella la poesía es la ninguneada de siempre, como bien lo señalara en reciente artículo -espero que no plagiado- Alfredo Bryce Echenique.
Hildebrandt, Lévano, Gonzáles-Vigil, Vargas, Tintaya. Todos con su estilo nos mostraron la calidad poética de Alejandro Romualdo pero nos demostraron que la cultura sigue siendo la última rueda del coche. Y, triste comprobación, nuevamente, el INC lejos de apoyar y reconocer el trabajo de los artistas -me refiero a los buenos, no a los haraganes y sumisos de toda la vida- los maltrata y abandona. Ejemplos abundan a nivel nacional y local, de ambas situaciones, es decir del abandono y sumisión.
Recuerdo que hace algunos años un enviado de una autoridad edil -que ya había entregado “reconocimientos” a distintas personalidades- llegó a mi oficina para preguntarme qué le parecía si similar “reconocimiento” fuera para el mejor poeta vivo de Loreto. Yo le respondí al instante: “Que se deje de dar reconocimientos y anuncie una pensión vitalicia para el susodicho. Lo demás es figuretismo y no apoyo a la cultura”. Luego me enteré que los “reconocimientos” se suspendieron. Eso pintaba de cuerpo entero a dicha autoridad que inclusive escribió un libro. Imagínense.
Ahora que hay mucha pompa porque se ha reducido la pobreza, según cifras siempre desconfiables del INEI, sería bueno que se planifique “premios anuales, becas, publicaciones, fondos para producciones de filmes, investigaciones, pensiones” -como bien lo escribe César Lévano, cuyo diario lanza este domingo un suplemento cultural bajo la dirección de Jorge Coaguila- como una forma de reconocer en vida a quienes como recordó Gelman en España hace algunos días: “Marina Tsvetaeva, la gran poeta rusa aniquilada por el estalinismo, recordó alguna vez que el poeta no vive para escribir. Escribe para vivir”. Una vez muerto los reconocimientos son más etéreos que la vida misma.
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