A OTRO PERRO CON ESE HUESO

Por Miguel Donayre Pinedo.

El domingo a través de una revista semanal me enteré que en Miami se está celebrando un congreso de orquídeas. Sí, es un negocio que mueve millones de dólares y hay coleccionistas para todos los gustos y tamaños que constituyen un buen mercado. En la misma nota periodística, se reseñaba un hecho que sucedió en la floresta peruana. De un primer momento, mientras leía me hizo recordar los pasajes de la novela “Jaque al barón” y el robo del saco de semillas de caucho que luego fueron a parar en el otro lado del mundo, en Indonesia y demás colonias inglesas con la consiguiente ruina del país y las familias que vivían de la extracción de la goma. Este robo demostraba el poco cuidado y valor que dábamos los peruanos a los recursos naturales, pocos controles administrativos y leyes con enormes lagunas.

Cualquier ciudadano de pie, reflexionaría, que con esa mala experiencia, el Estado peruano aprendió y tenemos mejores sistemas de control administrativo, leyes e institucionalidad. Bueno, vaya desilusión, de las amargas lecciones no aprendemos. No tenemos un sistema adecuado de control. En el año 2002, una persona extranjera que trabajaba en un proyecto a treinta kilómetros de Moyabamba, sustrajo de una comunidad una flor desconocida, burló los pocos y nada exhaustivos controles, la sacó del país y la registró como su descubrimiento en los Estados Unidos.

Siguiendo la tradición botánica, a la flor hurtada, Michael Kovach, la bautizó como Fragmipedium kovachii y los presentó en los Jardines Botánicos Marie Eloy en el Estado de Florida. Este robo, ha sido considerado como el descubrimiento más importante de los últimos cien años, sí, cien años. Cuentan que después de la visita de Kovach llegaron al pueblo otros visitantes que “saquearon” las flores de esta especie que quedaban en pie.

Se cuenta que el Estado peruano hizo las denuncias pertinentes y condenaron a Kovach a dos años de cárcel y a los jardines con una multa de cinco mil dólares.

A pesar de estas amargas lecciones, que nos falta dirigir y reflexionar, los peruanos y peruanas seguimos en la senda obtusa que la mejor manera de desarrollar la selva es abrir puertas y ventanas a la inversión en la explotación de los recursos naturales, véase a Alan García Pérez y su bajada de pantalones con el denominado, perro del hortelano.

Sin embargo, también hay que decirlo, la falta de respuesta de parte de los amazónicos que todavía no hemos logrado esbozar y articular, colectivamente, un proyecto de desarrollo a través de la explotación de los recursos naturales y el entorno natural. Cada político o propuesta va a su aire, a pesar, de contar con los instrumentos legales para hacerlo.

Estas lecciones y olvidos, nos señalan y acreditan que somos socios de ese club de los que se tropiezan dos veces en la misma piedra.




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