Muerte en Madrid
Por MIGUEL DONAYRE PINEDO.
Mientras los políticos españoles discuten de los beneficios y maleficios de la inmigración, los inmigrantes hombres y mujeres y de todos los colores, gracias a sus pagos a la seguridad social, 900, 000 españoles de la tercera edad, mensualmente pueden percibir su pensión sin rechistar. Sin embargo, estas cifras para los políticos de derechas en la península no cuentan.
Es más, el líder de esta derecha provinciana, muy ufanamente, dice: “No caben más”, y añadía, un escritor mediocre de dos por medio, a esos, a los extranjeros, “hay que echarles cerrojo”. Esas declaraciones lindan entre el racismo y la xenofobia, terreno de fronteras muy difusas. En esa manía y obsesión de usar como arma arrojadiza a la inmigración, hombres y mujeres no españoles todos los días van a los centros de trabajo y laboran con esas personas que piensan así. Seguramente, tendrán sentimientos encontrados, es como trabajar con el enemigo.
Esta derecha española que se mira en el espejo y va moderna siendo muy tradicional en forma y fondo, no ha digerido la doctrina y práctica de los derechos fundamentales que ha tenido origen y fundamento en esta vieja Europa. Aquí en el espacio europeo, los inmigrantes son tenidos en cuenta como una mercancía, una máquina que cumpla y cuando no se necesite se va a su casa.
Hace unos días, en la Plaza de Tirso de Molina - barrio multicultural de Lavapiés, con el permiso de la Junta Electoral, un grupo de jóvenes de la derecha xenófoba se manifestaron contra la inmigración. Entre las tesis esgrimidas estaban y están, que los inmigrantes reciben beneficios en la educación vivienda y salud. Nada menos cierto, muy propio de gente que tiene luces muy cortas. Esta monserga va camino a convertirse en una leyenda urbana, pero, de realidad nada. Estos manifestantes se toparon con un grupo de jóvenes antifascistas y la Plaza de Tirso de Molina se convirtió en un polvorín.
Así en esta maraña de descalificaciones de la campaña electoral, una chica peruana era arrojada desde una tercera planta de un edificio y moría al instante. Tenía veintiocho años y muchas esperanzas. Se presume y todo indica, quien la arrojó a los aires fue su novio español luego de una discusión. Esto ocurría en pleno centro de Madrid.
La muchacha viajó a España para estudiar una Maestría y se quedó en la tierra de Cervantes. Pensaba montar un negocio junto con el novio y se iban casar en los próximos meses. Hasta que se cruzó la fatalidad. Fatalidad que dio inicio al drama de sus padres en un capítulo de este amargo vía crucis.
El padre para viajar tuvo que solicitar visa en la Embajada de España, y ya sabemos como demora eso, amén de las colas y mafias que hay alrededor. No recibió ayuda de las autoridades peruanas y de nadie, señala la nota periodística. En total indefensión. Para llegar a Madrid demoró cerca de 19 días, y venga, más trámites. Tanto trámite que hasta hace unos días no podía ver el cuerpo de su hija que estaba en la morgue. Antes debía declarar ante el juez.
A la par, de la muerte de esta muchacha peruana que para muchos será una anécdota más en este océano de la inmigración ni se diga la pena de los padres, los diarios anunciaban que las empresas españolas duplicaron sus beneficios, sobre todo la banca, en América Latina, vaya ironía.
A todo esto, ¿Quién gana y quien pierde en estos juegos de la inmigración de personas y capitales?
Mira mas de : Notas de navegacion
















Pro & Contra se reserva el derecho de eliminar y/o modificar los comentarios que contengan lenguaje inapropiado, spam u otras conductas no apropiadas en una comunidad civilizada. Si tu comentario no aparece, lo estaremos revisando lo mas pronto posible, cada día lo hacemos y colocamos en su lugar. Sentimos las molestias.


