San Rafael no era un santo

Un proyecto de turismo vivencial a tomar en cuenta.

Cuando penetramos en la floresta, la geografía y la historia están sumergidas en esa cópula de sombras y goces. Así se prestan registros y memorias, como es el caso de la Comunidad de San Rafael, a orillas del río Amazonas. De ser un fundo en el período cauchero, hoy es una empresa comunal que maneja los recursos naturales y un área comunal protegida. Han cambiado, mutatis mutandis, los protagonistas, la propiedad y los discursos en este azaroso, esperanzado y contradictorio proyecto de una Amazonía de pie y de un Rafael que no era arcángel ni santo.

ESCRIBE: Jaime Vásquez Valcárcel.

San Rafael no era un santo. Cuando en 1915 Rafael Panduro llegó a la zona donde hoy se ubica el pueblo que lleva su nombre lo hizo con la intención de explotar los recursos naturales y sentar sus raíces en esta parte de lo que se llama el Bajo Amazonas, cerca de Indiana. Seguramente nunca se imaginó que sus parientes formarían parte de un proyecto de conservación y divulgación de la rica flora y fauna que se encuentra en el lugar. Claro, en la época que llegó Rafael, antes que se convirtiera en santo, era muy difícil hablar de conservación porque existía toda una corriente extractivista que precisamente era llamada boom. Como homenaje a ese primer poblador los habitantes decidieron nombrar al lugar como San Rafael. Y quizás sea uno de los pocos lugares de la ribera que tenga un nombre de santo sin que su inspirador lo sea. Hoy San Rafael tiene 906 hectáreas de extensión y una población de más de 500 habitantes.

Se ubica en la orilla izquierda del río Amazonas, a pocos minutos del pueblo de Indiana. Tiene cerca de un centenar de familias. Su gente tiene las características de todos los pobladores amazónicos. Cordial, expresiva y con cierta ingenuidad selvática. El pueblo no tendría nada de extraño si es que no fuera por la empresa comunal que un grupo decidió formar para darse a conocer como un atractivo turístico. La empresa cuenta con el apoyo de organismos internacionales que han financiado el proyecto. La reserva comunal de San Rafael tiene 128 hectáreas de las cuales 96 son de bosques naturales. Inicialmente fueron 60 pobladores los que se entusiasmaron con el proyecto. Ahora sólo quedan 15 y, con cierto optimismo, parece que el número irá reduciéndose aún más. Los 15 que aún quedan mantienen el entusiasmo y creen en el proyecto. Aunque uno de los más convencidos es Pedro Vela, quien se ha metido con todo y ha involucrado a toda su familia en el mismo. Pedrito, su hijo, es el que tiene a su cargo el proyecto de preservación del mariposario, donde hace las veces de guía y explica todo el proceso por el que pasa una mariposa, desde que es embrión hasta su muerte.

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