Herodes Mondragón
ESCRIBE: Jaime Vásquez Valcárcel.
Desde que vi el volante que convocaba a los sanjuaninos para participar en la recepción callejera a los huéspedes que llegaban con ocasión del foro de energía por APEC 2008 me dio cosas. Ese volante tenía en su redacción la nefasta utilización de los niños para “que se consiga financiamiento a los proyectos” que mejorarían la vida de los infantes loretanos. Sólo a alguien con menos de un dedo de frente se le puede ocurrir convocar a los sanjuaninos para que con banderitas estrafalarias y payasitos desinformados traten de persuadir a los participantes en el foro de energía para que financien proyectos que ni siquiera eso son, todavía.
Y es que cuando la huachafería se convierte en política y las ansias de poder obnubila a las personas cualquier cosa puede suceder. Y eso sucedió el domingo pasado cuando se utilizó una vez más a los niños con el afán de buscar protagonismo que, felizmente, no se tuvo. Desde la mañana de ese domingo -con estrado incluido- quienes integran la directiva de lo que ya no debería ser comunidad campesina de San Juan armaron un verdadero circo no para divertir a los niños sino para utilizarlos. Me dicen que Juan Carlos Gálvez Mondragón está detrás de todo esto y que para lograr su propósito obtuvo el apoyo inicial de una autoridad provincial que enterado de esa utilización ni siquiera apareció por el lugar. Mientras que la autoridad distrital gracias a Dios no cayó en el juego y la autoridad regional ni siquiera lo tomó en cuenta. Hay que decirlo con todas las letras que sean necesarias al expresidente de San Juan: no sea burdo, no sea insensible. En suma, no sea descarado.
Está bien que, según la Biblia, Herodes, persiguiera a los niños menores de dos años en Belén (Judea) para eliminar de esa forma a quien según unos sabios de Oriente, había de ser «Rey de los judíos».Y si el personaje bíblico mató físicamente a unos 25 ó 30 niños de entre una población de unos dos mil habitantes no podemos permitir que en San Juan un político desfasado mate las ilusiones de los niños de ese distrito al “venderles” la idea que al dar la bienvenida a unos visitantes podrán acceder a mejorar su condición de vida.
Felizmente la delegación ni siquiera pasó por la avenida Quiñones y los visitantes no observaron esas pancartas adefesios ni los niños pudieron pedir lo que era muy difícil que les otorguen, es decir financiamiento para mejorar a condición de vida. Porque ya es tiempo que sepamos que una buena parte del atraso en que vivimos se debe a personas que como Gálvez Mondragón creen que los niños sirven para pedir plata cuando en realidad no necesitan tanto de ello sino actitudes sinceras que estén alejadas de la majadería.
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