Con compasión en la mano

Confesiones de un fotógrafo guerrero.

El fotógrafo alemán Horst Faas cubrió entre otras la guerra de Vietnam entre 1962 y 1974. Allí ganó el premio Pulitzer en 1965. Es Editor Gráfico de la Agencia Associated Press para Europa, Medio Oriente y África desde la oficina de Londres. Conversó con la agencia de noticias BBCmundo sobre la cobertura de Irak y, entre otras cosas, dijo que un periodista debe ser alguien que se enoje y se entristezca ante los hechos. Por considerarlo de interés para los estudiantes de Ciencias de la Comunicación y periodistas locales publicamos esta nota, aún conociendo que el trabajo gráfico entre periodistas en Iquitos se encuentra en pañales y es muy difícil encontrar fotógrafos de fuste.

 

Hubo un debate sobre el tema de los periodistas que ingresaron a Irak junto a las unidades militares anglo-estadounidenses. Se alzaron muchas voces contrarias a ello pero de otra forma no se podría saber lo que ocurre. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Hablemos primero de lo positivo. Es imposible cubrir una guerra como la de Irak como un periodista independiente, que entra y sale de la acción militar.

Con sentido práctico no es malo que las unidades ofrezcan lugares a los periodistas. Es una forma de ver qué pasa y de moverse con las tropas en un ambiente de relativa seguridad.

El punto de vista negativo es que algunos corresponsales tienden a ser parte de la acción pese a que no portan armas. Son susceptibles a la propaganda de los oficiales de relaciones públicas.

¿Qué opinión le merece el hecho de que en este conflicto se haya dicho que Basora había caído por ejemplo y varios días después se aclaró que no era así? Algunos periodistas dijeron que era información de fuentes militares pero otros no. ¿Está contento con eso?

Con algunos sí y con otros no. La televisión corre el riesgo de exagerar y de realizar juicios apresurados. La televisión puede ser peligrosa. Depende del corresponsal. Tiene que estar alerta, saber que puede ser utilizado o ser blanco de operaciones de guerra psicológica, de la desinformación deliberada.

Terry Lloyd de ITV murió por fuego amigo, pero a veces el mejor reportaje sale de periodistas independientes que se aventuran en las zonas de guerra. ¿Cree usted que esta guerra marcó el fin del periodismo independiente en ese sentido?

 

No, de ninguna manera. Primero, los fotógrafos y corresponsales que permanecieron en Bagdad estaban restringidos por el régimen pero estaban en perfecta posición para observar la que se esperaba fuera la batalla por Bagdad.

Nadie los restringió para ver la entrada de tropas estadounidenses.

Por otra parte, hay otros periodistas que sí operan en la región en forma independiente. Lloyd estuvo en el sitio equivocado en el momento equivocado.

Cuéntenos de su experiencia en Vietnam, algunos dicen que esa fue la última guerra en la que los periodistas trabajaron con libertad.

Las condiciones de trabajo eran totalmente diferentes. La principal diferencia son las comunicaciones. No podíamos reportar nada desde el campo de batalla, ni siquiera desde los puestos de comando militares en el terreno.

Teníamos que regresar a Saigón o Da Nang y conectarnos a nuestros propios sistemas de comunicaciones, télex para las notas y radio para las fotos. Todo ese proceso demoraba un día o muchas horas.

Teníamos que entrar y salir de la acción para contar la historia. Hoy cualquier fotógrafo tiene su cámara digital, su computadora y su teléfono satelital.

No tienen que regresar a ninguna parte, trabajan en forma independiente y reportan directamente a sus oficinas en Nueva York, Londres o Tokio.

Hoy tenemos mucha más tecnología pero en aquellos días había más libertad para mostrar lo que se veía, ahora parece todo lo mismo.

La libertad de movimiento es un problema de peligros, en Bagdad o en el frente no se podía manejar un automóvil e ir de una zona de guerra a otra. Es muy peligroso.

En Vietnam nos quedábamos con las unidades militares hasta que nos ofrecían una salida en helicóptero o en avión.

Las reglas se han ajustado un poco es cierto. Vietnam no era una guerra estadounidense, era una guerra vietnamita con los estadounidenses involucrados. Ellos se inmiscuyeron cada vez más pero al final eran los vietnamitas los encargados del país.

Los corresponsales podían jugar en ambos lados, si los estadounidenses se ponían difíciles se cubrían las operaciones de los vietnamitas del sur.

El hecho de que ciertas imágenes ya no se pueden tomar más es nuevo. Nosotros teníamos un grado de auto censura cuando llegábamos ante soldados heridos a punto de morir. No tomábamos sus rostros agonizantes por ejemplo.

No queríamos que la gente de su pueblo lo viera morir en los periódicos.

Pero eso estaba dado según el juicio de cada uno, en general se mantuvo cierto respeto.

Pero teníamos la libertad de fotografiar las víctimas civiles. Podíamos tomar lo que el napalm o las bombas de racimo hacían a la gente.

Esto fue lo que molestó tanto a los militares. No querían ver éstas imágenes.

Los prisioneros de guerra por ejemplo, los estadounidenses nunca nos pusieron límites cuando había que fotografiar prisioneros de Vietnam del Norte ni tampoco se molestaban cuando aparecían imágenes de sus pilotos derribados.

Pero al principio de esta guerra, cuando algunos fueron mostrados en la televisión iraquí los estadounidenses se molestaron. No veo ningún daño en estas imágenes y fue bueno ver que estaban vivos. No veo razón por la cual no podrían los fotógrafos tomar sus imágenes.

El castigo en este caso es que un fotógrafo de los que acompaña una unidad militar puede ser expulsado.

Hubo unos días en Basora en que nadie sabía lo que ocurría, sólo había un periodista de la cadena al-Jazeera, que aparentemente mostró imágenes de bebés heridos por los bombardeos. ¿Cómo se explica que hubiera miles de periodistas y que nadie supiera lo que pasaba?

Admiro a al-Jazeera. Es una organización muy exitosa. Cuando me enteré que había uno de ellos en Basora pensé que era muy bueno. Escuché sobre las imágenes de un niño herido. Pero si se trata de un pedazo de carne volado no la usaremos.

Cualquiera que haya estado en un campo de batalla sabe qué se puede mostrar y qué no. Hay heridas que uno ni siquiera se anima a mirar. Tomar brazos y piernas sueltas no es necesariamente periodismo.

¿Ve usted su trabajo como una misión?

Desafortunadamente soy muy viejo para participar. En toda mi carrera hallé que son sólo los periodistas compasivos, los que se preocupan por la gente y los soldados, los que producen material valioso para leer.

Gente que se enoja y que se entristece. Un buen periodista en suma.

Uno tiene que mantener una distancia, no convertirse en un participante, pero sin compasión no hay buen periodismo.

El mejor reportaje de Vietnam vino de gente sensible, madura y compasiva.

Antes teníamos gente en la guerra pero no estábamos en todas partes como estamos hoy. Pero no se supone que somos soldados, somos reporteros.

¿Se anima a dar un mensaje a los que quieren ser fotógrafos en América Latina?

Pienso que el reportero puede ser la única fuente de información independiente en estos eventos. Si se toma el trabajo en serio se sentirá que es muy importante estar allí. Sólo este hecho justifica el peligro al que se enfrenta un corresponsal.

A mí me preguntaban por qué lo hacíamos. En Vietnam creíamos que hacíamos algo muy útil. Contar la historia como es al mundo.

La cobertura de prensa es importante, hay que ser independiente, ser profesional, ser maduro y no inmiscuirse.




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