Entre periodismo, política y cultura

Este número de Katenere inauguramos una forma de presentar nuestra revista. Con artículos de famosos sobre famosos y siempre atentos al escenario mundial. En ese camino y siempre con la intención que los periodistas locales conozcan a los colegas y escritores universales es que engalana nuestras páginas Eduardo Galeano, quien de joven fue un “siete-oficios”; trabajó como cajero, mensajero y dibujante, entre otras actividades. Hoy vive en Montevideo y es una luz del pensamiento y del oficio. Lástima que en Iquitos no se tenga acceso como se quisiera a los textos de Galeano, aunque la maravilla de Internet disminuye en algo esa carencia. Pero el aporte de Galeano al periodismo crítico es tremendo para toda América. Y, claro, su pasión por la profesión tanto como por el fútbol le hace tan polémico como su apego a las ideas de izquierda que siempre levantó. Esa posición fue el motivo para ganarse el alejamiento y la crítica despiadada de quienes se empeñan en el trabajo proselitista de las ideas conservadora y llenan de infundios a quienes piensan de manera distinta. Galeano es uno de los pocos periodistas que ha mostrado un conocimiento profundo de América y nos atreveríamos a decir que si Polonia tuvo su Kapuscinski, Uruguay tiene su Galeano. Así que no dejemos de leer al colega uruguayo.
Gabriel García Márquez es quizás el periodista y escritor que más conoce a Fidel Castro y por eso un artículo del Premio Nobel sobre el líder cubano es de lectura obligatoria, aunque lo hace desde el lado emocional, más que histórico. También publicamos una apretada semblanza porque a raíz de su enfermedad y al alejamiento de la política activa se ha tejido una serie de hipótesis sobre Cuba y el futuro de sus habitantes. Fidel Castro desde joven fue un personaje polémico y toda su actuación está marcada por ese signo de su propia personalidad. No es habitual que un presidente se mantenga en el cargo tanto tiempo y lo deje -sino por propia voluntad- expresando que lo hace porque no se encuentra en condiciones para ejercer el cargo. Los dictadores, patriarcas y tiranuelos que hemos tenido y sufrido en América Latina o han salido por la fuerza de las masas y de sus propios cuarteles o lo han hecho porque les venía la muerte. Hasta en eso Castro es un caso excepcional. Claro que antes de su muerte ya comienzan a aparecer los datos sobre las injusticias cometidas contra quienes se atrevían a contradecirlo -aún siendo compañeros de combate- y quizás el caso más emblemático sea el de aquel comandante de la revolución que fe condenado a 20 años de prisión y se quedó un año más mientras hacía los trámites para su salida cuando le pescó la muerte. Se dirá también que la prosperidad que muestra la isla en cuanto a educación y salud son escudos que tienen los castristas para contrarrestar toda la campaña internacional que se hace contra el sistema socialista por los recortes a la libertad. Desde antes que triunfe la revolución que derrocó a Fulgencio Baptista se conocía que los enemigos de Fidel Castro estaban más fuera que dentro del país. Estados Unidos llevaba la delantera en ese intento por destruir lo que los cubanos se empeñaban en edificar. Ambos artículos que publicamos en este número nos acercan al ser humano que gobernó Cuba con total dedicación y obstinación.
Una pieza periodística recurrente es la del fotógrafo alemán Horst Faas, quien cubrió entre otras la guerra de Vietnam entre 1962 y 1974. Allí ganó el premio Pulitzer en 1965. Un experimentado de la guerra del que tenemos mucho que aprender no sólo por su capacidad gráfica sino por su concepción periodística. En Iquitos no conocemos el trabajo de maestros de la fotografía y, en verdad, ya es tiempo, que aprendamos de los ejemplos externos. Y las ideas de Faas deben ser asumidas como derroteros.
En este número de inauguraciones aparece una crónica sobre la comunidad de San Rafael, ubicado en la orilla derecha del Bajo Amazonas, cerca a Indiana. Hasta allí llegó hasta en tres oportunidades Jaime Vásquez Valcárcel, conversó con la gente, recorrió los bosques primarios y secundarios y se quedó deslumbrado por el proyecto de turismo vivencial que proponen los comuneros.
Se podría decir que hemos obviado -en el estricto sentido de la palabra- las cuestiones culturales para que sede paso a los temas que tienen que ver con la profesión periodística. Puede que sea así. Pero no hay que olvidar que la intención de la revista -desde su fundación- es convertirse en una fuente de consulta para los colegas loretanos que no tienen el hábito de la lectura y que llevados por el día a día muchas veces renuncian a los textos que son de vital consulta para el progreso profesional.
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