“ENTRECOMILLAS”
Por Miguel Donayre Pinedo.
Leo con frecuencia la columna dominical de Rocío Silva- Santisteban en el diario, “La República”, es una excepción y paréntesis a la aburrida y sosa prensa peruana, por lo general, muy roma ante el poder y el establishment. Con igual prisa y entusiasmo suelo esperar la columna de Juan José Millás, los días viernes en el diario, “El País”, aquí en España, escruta lo cotidiano y el alma gris de los ciudadanos de a pie. En una de las columnas de Silva- Santisteban, da cuenta de un hecho que me ha llamado la atención.
Ella cuenta que mujeres asociadas en, La mestiza y Pacha alternativa, hicieron un manifiesto público y una muestra fotográfica donde expresaban “su salida del armario” y la expresión de sus cuerpos sin pizca de intelectualidad, desde la frescura que nos da la vida en la Universidad Nacional de San Marcos. El manifiesto y las fotos, se puede leer en el blog de estas asociaciones. Sobre estos colectivos pesaban un deseo y objeto trasgresor de hacer visible una opción distinta a lo “normalmente” establecido. Ellas nominaron a la muestra “Vagina”.
Lo curioso de todo esto, ha sido la reacción de las personas de ese entorno universitario, que tranquilamente podría ser cualquier otro del país. Dicen que el manifiesto estuvo varios días pegado en la pared, pero, las fotos donde mostraban escenas de sexo lésbico, besos, lenguas, mujeres orinando de pie entre otras fueron arranchadas, borroneadas a las pocas horas de haberlas puesto. Amén de los anónimos insultos obscenos que tanto gusta a las personas medrosas.
Estas actitudes hostiles e irrespetuosas, demuestran el poco respeto que tenemos hacia el otro u otra, al pensar y actuar diferentes, al distinto. Hemos construido una sociedad que tiene una matriz y matiz escorada étnicamente a lo blanco, heterosexual, católica, racista y clasista, vaya trago difícil de digerir.
Ante lo diferente en el espacio público, nuestra reacción como personas puestas a punto en la cocina y educación autoritaria, es la desaparición por la fuerza de las fotos. Es la expulsión de lo diferente del “reino de la normalidad”. El insulto y la mofa. Lo que me incomoda desaparece de mi vista, lo extirpo, si es preciso me apoyo en los golpes, chitón nomás. Este uso de la fuerza bruta desde la sociedad es la que me asusta y atemoriza. Es ese uso “justificado” de la fuerza la que puede permitir casos como La Cantuta, Barrios Altos y aquí no pasa nada. En regímenes totalitarios como el nazi, los homosexuales fueron cremados juntos a los judíos y gitanos.
Las miserias humanas que llevamos como equipaje deberían ser despojadas, como sería el proyecto de vida autoritaria. El respeto a lo diferente debería primar. Para crecer como sociedad y país debe existir una revolución interna, una suerte de “transición ética”, llama la filósofa española Adela Cortina. Debemos aprender a respetar las miradas al mundo desde una perspectiva y acciones diferentes. No sancionarlas, ni liquidarlas ni espantarlas.
Ojalá haya un nuevo amanecer y despertar. Aunque, mantengo mis dudas y temores.
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