LE DECÍAN EL PARAISO…

Una larga escena precede a este momento: un automóvil oscuro, un pequeño espacio para más de una docena de personas aparcado en un hotel tres estrellas (podría ser cualquier alojamiento, en cualquier lugar de la ciudad, en cualquier espacio hogareño), los pasajeros suben, provistos de cámaras, de libros/periódicos de ayer/hoy, de mochilas sugerentes y algunos víveres bastante; loretanos, peruanos, extranjeros, mucho o poco dinero en el bolsillo, en camino hacia cualquier espacio alejado en la selva amazónica.

El auto conduce por la avenida Quiñones, un domingo cualquiera, muy temprano, rumbo a la carretera, hacia Nauta. La vía misma es de por sí impactante, pero lo que la rodea es aún mayor: casas que se suceden una tras otra, estaciones de gasolina, comunidades, escuelitas donde los niños asisten descalzos y una sonrisa saboteada por la falta de calcio, reservas naturales, botaderos desalojados, zoológicos miserables, perros locos que te persiguen, y la inmensidad de las colinas repletas de verde, celeste, lagunas y misterio. Cuando me muera tráiganme aquí, señala el más vivaz hacia el cementerio.

Canta, con voz aguardentosa. El día que yo me muera, que me entierren en San Juan/ ninguna otra tierra yo quiero, quiero tierra de San Juan. La ruta lleva hacia Zaragoza, hacia Sapi Sapi. Nauta nos recibe con sus pasos y sus paseos, el olor caliente del pescado asado y la humeante sensación del café sobrante, los chicos que persiguen motos y microbuses y las jovencitas que aún te saludan con timidez e ingenuidad. El mercado es territorio para el pollo, la cocona, el plátano capirona. Subir al pequeño deslizador-colectivo que surca el río, sigue lentamente, en medio del sol que te golpea la cabeza con su fulgor enceguecedor, y te va cercando, te obliga a recordar que también el agua es un vehículo de salvación.

El guía, un hombre muy consciente de todo lo que dice es la pura verdad sentencia: ni con toda la plata del mundo puedes comprar una maravilla como esta, por eso lo quieren privatizar, le quieren poner precio y hacer que tenga dueño. La selva no se vende, es la voz unísona que se escucha en la nave. El Amazonas nos saluda, tan increíblemente grande y tan inmenso, una maravilla natural frente a tus ojos, y su encuentro confluyente, su nacimiento a costa de los rebeldes Ucayali y Marañón; dicen que nos van a hacer ganar como la primera maravilla, pero no sabemos qué está haciendo Iván para que lo hagamos, no hay mucha publicidad, falta más empuje, hay que dejarse de palabreos. Yo recuerdo las ideas de mi amiga directora regional de Turismo, de mi primo publicista, ninguna todavía en ejecución.

Hemos descendido en las preferencias del público de la votación. Las palabras del presidente, encaminadas en su despacho, no se han aplicado aún, dos meses después, no necesitamos que alguien nos enseñe que este río es una maravilla, pero hay que apoyar el turismo pues, las cosas que están haciendo la gente, hay que sentarse autoridades, empresarios y operadores y hacer un plan real. Un mirador turístico nos ha cobrado cinco soles y no hay agua, la población alrededor sigue vendiendo deliciosos pijuayos y artesanías para sobrevivir, un pelejo permanece amarrado a una baranda.

Se empieza a ver un espacio que acerca a la reserva Pacaya Samiria, y entonces el trayecto se convierte en impredecible, maravillosamente misterioso, y poco a poco las nubes se transforman en algodones cargados de masato, blanquísimos, y los árboles se tiñen con los colores más encendidos en los plumajes de los tucanes, loros, pihuichos, pumagarzas y de pronto nos encontramos mirando al flanco contrario, una familia de bufeos colorados que zigzagueantes y aturdidos nos saludan/previenen.

El arco iris se divisa en el horizonte. Entonces se acerca este momento: atracar en un pequeño descampado, caminar entre espacios deshabitados, repletos de moscos y zancudos, troncos y lianas que te tocan el cuerpo y se divierten con tu repelente, descubrir una pequeña canoa frágil, en la cual todo parece moverse, débil con remos, pero potente como un roble y, poco a poco, la sensación de ir entrando a un terreno desconocido, fulgurante, calmado, en el cual todo está detenido en el tiempo, la cocha que reposa entre aguas oscuras donde se refleja el sol, y este momento que te emociona porque de pronto, cientos, miles de hojas, miles de gramalotes, miles de victorias regias, millones de arbustos conforman una alfombra potentemente verdosa por donde la nave va, se dirige tranquila hacia un lugar que empieza a parecerse más y más a aquél sitio que llaman El Edén.

Y es un descubrimiento tardío, pero emocionante, porque ves los peces en el agua que te persiguen, y sientes que puedes caminar sobre ese césped que Dios se olvidó de recoger en la construcción del Reino. Carajo, puedo caminar sobre el agua. Y sí, es verdad, y entonces, como en una visión, la trocha te descubre el sabor de la libertad y la admiración en medio de una hermosas laguna (un prado acuático/terrestre), sobre la cual se yergue un enorme tambo y en medio de él, el aroma de pollo asado y salsa con ají charapita. En unos momentos más iba a desatarse un diluvio pletórico de truenos y relámpagos. Felizmente, el prematuro camino de regreso a Iquitos es muy largo.




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Una Respuesta to “LE DECÍAN EL PARAISO…”

  1. Cuanta razón tiene este guía, como empleada de una empresa de turismo reconocida en la región, me sentí parte de esta labor de hacer que nuestro Amazonas sea considerada una de las Maravillas del Perú , concurso organizado por el Comercio … porqué el Sr. Iván Vásquez sólo quiere que el pueblo participe de la votación para hacerla una Maravilla Natural en el Mundo?? Porqué no puso gente a trabajar desde dentro, en el concurso de las 7 Maravillas del Perú??? Puedo decir con orgullo loretano que me pasé todas las horas de mi refrigerio de todos los días desde que se inició el concurso, mis fines de semana y algunos feriados, metida en el internet votando por el Amazonas, pero una golondrina no hace el verano, con rabia podía notar que no había gente votando por nuestro río, sólo a veces lograba hacerlo figurar, pero durante mis horas de sueño éste volvía a desaparecer, parecía cómico, irónico, no sé, pero causa un gran malestar ver que nuestra autoridad regional sólo quiere que el Amazonas sea considerada una Maravilla Natural en el Mundo y no hemos logrado ni siquiera ser considerados una de las 7 maravillas dentro de nuestro propio país, dudo mucho que lo hayamos logrado, el resultado se dá recién esta noche, pero hasta el domingo 23 en horas de la tarde, el Amazonas no figuraba dentro de los 7 favoritos. Cuesta mucho poner a algunas de esas damitas que trabajan en los sectores públicos que tienen tiempo para sentarse a charlar, hojear catálogos o hablar por teléfono durante el horario de trabajo, para que se dediquen por un par de horas diarias sólo a votar, como que revisan su correo y chatean??? Cómo lograr que el mundo vote por nuestro río si nuestros propios conciudadanos no lo hacen??? Falta promoción, inversión, decisión? qué falta Sr. Iván???

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