Las palabras justas

Por Miguel Donayre Pinedo 

Llegó a mis manos de manera fortuita, hago reseñas para libros de Ciencias Sociales y Derecho, para una revista cuatrimestral que intenta y esfuerza ser un puente de la producción bibliográfica entre la península y América Latina. Tengo una pila de libros para leer y el departamento pequeño donde vivimos se inunda de estos textos y revistas. El azar en este aluvión de papel impreso hizo que se filtrara en la ruma de libros que me entrega el editor, este racimo de historias, llevaba por título, “Las palabras justas” (Xordica Editorial, 2007), del escritor aragonés Ignacio Martínez de Pisón. La carátula tiene una foto del escritor italiano Leonardo Sciascia paseando sobre las ruinas de un pueblo que ha sufrido las consecuencias de la guerra civil y del cual hay una historia muy sugestiva.

Ha sido un grato encuentro con esas historias reseñadas por Martínez de Pisón que previamente habían sido publicadas en revistas españolas. Las historias tienen como fondo la guerra civil española. Pero, no son las historias de personajes conocidos o de  hechos grandes sino de personas marginales a la historia con H mayúscula que amplían esa cartografía inagotable de ese período cruento de la historia española.

Así está la, “Historia de dos maestras”, maestra y alumna se cruzan en el colegio y luego en la penitenciaria en bandos distintos y muy diferentes. Está muy claro que tienen suertes diversas. Las historias son narradas con calidad literaria y con las palabras escogidas. No falta ninguna palabra y las historias tienen un gran hilo conductor, alimentar la memoria. Así hay una historia digna de ser llevada al cine, “El periplo de Lydia Kúper”, una traductora rusa que sirvió en las filas republicanas, la historia es una buena excusa para poner luz al aporte de estas mujeres en un país en guerra civil. Se necesitaba traductoras rusas para la traducción de oficiales rusos que se sumaron a las filas republicanas. Ella es una de las más reconocidas traductoras de Tolstoi, de “La guerra y la paz”.

Hay una crónica brillante, tiene por título, “El policía de la foto”, tiene gran tensión narrativa, humor y sorpresa. Se trata de la historia de una foto en la que aparecen conocidos hombres de letras, menos uno, en una reunión clandestina. Aquel personaje aparentemente desconocido era sindicado como un policía. Es más, Carlos Barral en sus memorias remachó esa conjetura. La historia toma otro cariz cuando el supuesto policía era un autor de piezas teatrales y conocido por el poeta Gil de Biedma, María Zambrano entre otros. Ello causó gran bochorno en Barral y tuvo que aclarar la historia, y Martínez de Pisón, lo saca otra vez a la luz y reivindica al supuesto policía.

Quedan en el tintero otras historias para apostillar referentes al escritor estadounidense John Dos Passos y sus esfuerzos en las ayudas a los republicanos en el exilio, de esa injusta guerra fraticida que ha dejado heridas abiertas hasta hoy – clivajes, llaman los politólogos. Sí,  de esos republicanos que se quedaron con las ilusiones, promesas y sin las ayudas pertinentes. O las historias de Casas Viejas que tiene como protagonista a Ramón J. Sender, un oscuro incidente en la Segunda  República.

Son historias elegidas, de palabras justas y en el momento indicado. Quien no tiene memoria fallece.




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