HORTELANOS DEL ANTIAPRISMO

Moisés Panduro Coral

Estos dos hortelanos se llaman César. Uno, Lévano; el otro, Hildebrandt. De Lévano se sabe que ha sido militante comunista -debe seguir siéndolo supongo- mientras que Hildebrandt-sino me equivoco-fue un entusiasta pro-velasquista. Los comunistas surgieron de las ideas marxistas leninistas y -por lo menos en Perú- han vivido su vida prendidos de una ilusión. Su ilusión desde antaño, aquella con la que conviven, comen y duermen es enterrar a los apristas. Y en ese propósito nuestros amigos han sido tan piñas, por que primero sucumbieron ellos -políticamente hablando- y luego cayó estrepitosamente el muro de Berlín con lo que su principal referente, la Unión Soviética, se vino abajo al igual que cientos de estatuas de Stalin en los países de la órbita del Pacto de Varsovia. Advierto al lector que aquí me estoy refiriendo a los comunistas que nosotros llamábamos ‘moscovitas’. Don César Lévano fue un comunista ‘moscovita’. Y algo le debe quedar de esa convicción que no discutimos.

Los velasquistas, en cambio, surgieron del golpismo militar, de la antidemocracia, y cuando Velasco estatizó todo creyeron que habían sepultado a los apristas. Aún conservo una revista de la época -esa costumbre de guardar publicaciones antiguas- en que un generalito primer ministro decía que como el velasquismo había hecho las reformas por las que los apristas habían luchado durante medio siglo ya no tendría sentido que existiera el aprismo. Su ilusión de sepulturero de los apristas fue efímera pues cuando Morales Bermúdez golpeó a Velasco, no solamente éste se vino abajo, sino todos los ismos que se había nutrido de su figura. Es decir -políticamente hablando- primero perecieron ellos y luego se derrumbó el tinglado “revolucionario” del que casi nada queda ni en la página del recuerdo de los periódicos de ayer.

Los dos César, además del nombre, tienen más cosas en común: son respetados, respetables y brillantes periodistas; pero por encima de todo, son antiapristas. Para ellos el antiaprismo es su divisa, una forma de ser, un principio de vida, un ‘honor al mérito’ en la política peruana, una medalla al pecho por servicios distinguidos a la nación. El antiaprismo les viene a ellos de manera natural como la reacción a la acción, el efecto a la causa y a veces, -es el caso de los temas tocados por el Presidente García en el perro del hortelano- como el freno a la propulsión. Entonces, no debe extrañar que dos profesionales insignes del antiaprismo escriban notas antiapristas. ¡Simplemente están haciendo su negocio!

Estas acotaciones vienen a propósito de las opiniones que he leído de ambos. Don César Lévano trata de refutar a Alan García cuando éste se basa en Lenin para darles una chiquita a esos que se oponen a todo lo que signifique inversión privada. En efecto, Lenin en su libro “El Capitalismo de Estado y el Impuesto en Especies” dice que “desde el momento que somos incapaces de pasar inmediatamente de la pequeña producción al socialismo, el capitalismo es inevitable” justificando con esa premisa ideológica su política de concesiones para la explotación de minas, bosques vírgenes y otros rubros de la producción. Lévano dice que esa cita no corresponde a la realidad del Perú actual -o sea aquí se vuelve hayista por que eso precisamente es lo que dijo Haya de la Torre desde 1924- pero estoy seguro que si quien argumentaría con la cita de Lenin las propuestas de inversión vía concesiones en el Perú del siglo XXI fuera un ‘moscovita’ -o alguien de la parentela ideológica cercana a don César Lévano- éste diría exactamente lo contrario. A eso se llama antiaprismo. Y para quienes como él señalan que aquello de la política de concesiones fue una táctica transitoria de Lenin para acomodar el ´capitalismo de Estado’ evidentemente no han vivido en este mundo, por que ese capítulo de la historia económica duró decenas de años y continúa hasta hoy en la flamante Rusia post-soviética que hoy no tiene nada de marxista ni de leninista.

No me sorprende tampoco que los perros del hortelano citen con entusiasmo la opinión de César Hildebrandt. El se ha convertido en un adalid ideológico para todos los gustos –igual de humalistas, chavistas, comunistas ‘pekineses’; igual de mercantilistas, de liberalistas económicos. De velasquista se pasó a liberal y en los años noventa se puso la vincha del vargasllosismo contra la estatización de la banca. El antiaprismo no tiene banderas. Es justo reconocer sin embargo en este recorrido antiaprista que hay un punto donde tiene razón: Y es en el ítem en el que el Presidente García toca la explotación de las ‘restingas’. Creo sinceramente que el Presidente no se ha asesorado bien en este punto. Primero por que ‘restinga’ es una parte del suelo de selva baja que sobresale a la inundación cíclica, es un lugar de ‘altura’ y por lo tanto es diferente de un barrizal o playa que surge cuando el río baja su caudal. Segundo, por que no es cierto que ésas sean tierras ociosas, pues un rápido recorrido por los ríos en época de vaciante le indicaría al Presidente que allí miles de campesinos ribereños producen el arroz, la sandía, el melón, el frijol caupí que constituyen el alimento del poblador selvático. Estamos de acuerdo en que falta tecnología, asistencia crediticia, canales de comercialización, mercados para esta producción, pero no son tierras ociosas y más bien apuntan a una falta de compromiso del gobierno regional y de los gobiernos locales en el impulso de la producción. Tercero, por que esos barrizales constituyen sistemas edafológicos temporales y por el cambiante curso de los ríos en la amazonía baja no es posible conocer donde `saldrán` las playas el año venidero, por lo que una concesión -que tiene un horizonte de más de varias décadas- sería absolutamente inviable.

Yo creo que los artículos del Presidente García apuntan a generar debate. Y eso es lo que hacemos. Un país que no debate es un país condenado a la monotonía ideológica, a la cerrazón política, a la fragilidad económica, a la injusticia social. Pero de allí a pretender que todo lo que el Presidente ha establecido como pautas de inversión está mal me parece una exageración. Esa es una actitud propia de los hortelanos del antiaprismo. Y hay que decirlo sin medias tintas.


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