El mal de las universidades
Hace casi un año, la legisladora Martha Hildebrandt inició el debate sobre cual debería ser el rol de las universidades en las próximas décadas en relación a su acceso y universalidad. La doctora decía que el modelo de otros países y planteado también en el Perú de cobrar a los alumnos que pudieran pagar sus estudios en universidades públicas debería ser obligatorio. “Si muchos escolares que pagan en dólares en sus colegios privados acceden a la universidad porque no podrían seguir pagando una pensión para financiar a aquellos que no podían hacerlo y de esta manera dotar de mayores equipos y remuneraciones a los docentes”, inmediatamente el Apra le dijo que no a secas y paró el proyecto de ley.Cuando el periodista Andrés Oppenheimer publicó “Cuentos Chinos”, decía que uno de los mayores males de la educación latinoamericana era que las universidades públicas eran tan malas que en una encuesta realizada por H.E. The Times de Londres ubicaba en el puesto 185 de
Muchos criticaron este estudio porque claro, no estaban dentro de los primeros del ranking y otros lo levantaron, como los de San Marcos, para decir que, efectivamente eran los mejores. Fue un buen signo saber que el menos –después de siglos de instauradas- las universidades tenían un ranking. Aunque el estudio podría determinar que en el Perú la inversión por alumno es inferior a la de Chile o Argentina (2200 en promedio por alumno mientras que en estos países superan los 3 y 4 mil dólares anual, respectivamente), lo cierto es que muchos países como Colombia, superaban largamente en las investigaciones, libros publicados y otros criterios para determinar el tipo de universidades que tenemos.
Lo peor de todo era que el estudio concluía que las peores universidades del país están en la sierra alejada y la selva. Los libros publicados, maestrías y doctorados de sus docentes, financiamiento externo a investigaciones y puntaje de ingreso en promedio a estas universidades daban cuenta que, efectivamente en el ranking, universidades de la selva no aparecían después del puesto 45, es decir estaban en la cola y junto a las denominadas universidades de cochera, aquellas que eran conocidas sólo por sus vecinos o promotores.
La solución, de acuerdo a la tesis de Oppenheimer era la misma que planteo Hildebrandt que los estudiantes de universidades públicas que pueden pagar que lo hagan. “En Europa, este cambio fue muy criticado pero ahora la tendencia es firme, si hasta los estudiantes en China pagan porque no lo hacen los de países latinoamericanos” parecen concluir el estudio, aunque claro esto no salva de responsabilidad al Estado para invertir de manera eficaz en las universidades y no como hasta ahora lo ha estado haciendo. El tema es que mientras en las universidades públicas tengan como único pretexto en sus luchas el tema de las remuneraciones para docentes poco calificados y sin evaluación al amparo de la autonomía, la cosa no parece tener solución, entonces los beneficios con las que ya gozan algunas como el canon e impuestos, sólo irá a sueldos y gollerías por lo que nuestro sistema universitario seguirá mediocre.
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