“Quince minutos sin ruido, por favor”
Miguel Donayre Pinedo
Un Juzgado en España ordenó el desalojo a una familia de su casa porque ésta hacía ruido, bulla que molestaba a los otros vecinos e iba contra la convivencia, seguro que el jolgorio era más allá de los límites tolerables. Los vecinos cansados, mortificados de la barahúnda que armaban, los denunciaron. Felizmente, un juez sensible acogió la demanda y resolvió a su favor.
En el otro lado de la escena, contaba en una de sus crónicas semanales el escritor Javier Marías, que él para escuchar música en su piso (departamento) lo hace poniéndose unos auriculares para no molestar a los vecinos, digno acto de civismo.
Yo vivía en una buhardilla del centro de la ciudad de Iquitos, allí conocí el infierno del ruido en una dimensión dantesca. A todas horas. No había descanso, hasta los amantes ponían su cuota al guirigay amazónico urbano cuando se escuchaba sus riñas conyugales. Los domingos te despertaba la banda de música militar con su monocorde estribillo y el desfile de soldados y colegiales.
Así con esa carga matutina y cotidiana redacté artículos [en este diario] pidiendo que muchas calles del centro histórico sean declaradas peatonales y así se contribuyera un poco minimizar el ruido. O se diera paso a la bicicleta como en cualquier ciudad que se precie. Nada de nada. No obtuve ninguna respuesta. Es más, un pseudo y senil burócrata ambientalista me dijo que exageraba, que en el puerto no había tanta bulla, que él vivía muy feliz con su amante. Con razón me dije para mis adentros que el ambientalismo regional anda como anda. Ni que decir del nacional que en las mañanas son abogados de empresas mineras y en las noches son asesores legales de luchas a favor del medio ambiente.
¿Se puede erradicar la bulla, el ruido molesto e intolerable? Sí. Bueno, si hay voluntad de parte de quien gestiona en nuestro nombre la ciudad y de la ciudadanía. Pero, en el estanque que vivimos lo tenemos muy difícil. Uno de los intereses por sensibilizar son los de los motocarristas. Sería una locura pedir que no circulen, pero sí circulan lo hagan dentro de ciertos parámetros que incluye medidas que minimicen el ruido. Para ello se podría hacer, por ejemplo, mapas de ruidos de la ciudad y establecer zonas de mayor gravedad para aplicar algunos instrumentos administrativos a favor de un ambiente sano y saludable.
En las zonas donde existe ruido intolerable, más allá de lo legal, no dejar circular vehículo alguno, salvo bicicletas. Declarar zona peatonal y un carril de bicicletas. Inclusive en esas zonas el municipio pudiera alquilar bicicletas para estimular el compromiso ciudadano contra la bulla y derrotar las enfermedades que genera el ruido. Ganamos todos.
En las zonas con menos ruidos establecer ciertas reglas de juego, es decir, un horario dentro de los cuales puedan circular algunos vehículos bajo ciertos requisitos. Como observan lectores y lectoras, hay muchas ideas en el tintero y se puede conseguir si nos concienciamos. A todo esto, sí hay empeño se puede lograr una ciudad menos ruidosa. Se requiere un compromiso de todos, sí realmente queremos a la ciudad.
Empecemos por tener quince minutos sin ruido, por favor, ¡Hágalo ya!
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